- En primer lugar, señora duquesa, mis mejores deseos para 2010 junto al reconocimiento por su gentileza al hacer un alto en su romántica visita a París para conceder estas declaraciones.
Muchas gracias, muchas gracias, ya me gustaría que otros compañeros suyos, de esos que llevan micrófonos en la mano, se dirigieran a mí con la misma educación.
- Las gracias que usted se mere...
Pero hablamos un momentito solo, ¡eh! No se vaya a creer que por encontrarme en París pierdo mis buenas costumbres, ji, ji, ji.
- Está claro que no las pierde, como tampoco pierde ese gesto de satisfacción que muestra desde que inició su relación con Alfonso Díez.
Vaya, vaya, no pierde el tiempo ¿eh? Enseguida va usted a lo que le interesa, pero si se cree muy listo yo lo soy más, o por años y por sabiduría, pero... he perdido el hilo... ¡Ah, sí! mi cara. No es de satisfacción, es de algo más profundo, es de felicidad.
- ¿Y dónde radica la felicidad para la señora duquesa?
Pues en hacer lo que me da la gana, creo que está claro. Esa es la divisa que ha guiado toda mi vida, bueno, a veces me he tenido que frenar o que disimular para no hacer daño a otros, pero desde pequeñita he tenido claro el sentido de la libertad.
- O sea, que para usted no cuenta eso del “qué dirán”.
A mí eso me importa un pepino, ji, ji. ji. Mi voluntad está por encima de todo, una voluntad bien formada eso sí, porque gracias a Dios mi formación artística me ayuda a entender el mundo y apreciar lo bueno y lo malo que hay dentro de cada persona.
- ¿A esa divisa de hacer lo que le da la gana se debe que muchos la califiquen de genio y figura?
Bueno, a eso y a que nunca he querido ser una mujer del montón. Como Grande de España y poseedora de más títulos nobiliarios que nadie he de cumplir con algunos convencionalismos, pero sin ser una mujer convencional, ni mucho menos vulgar.
- O sea, que su querencia por lo popular, por nuestras costumbres más raciales hay que entenderla en su caso como un signo de distinción.
¡Ay, qué cosas más complicadas dice usted! Soy Duquesa de Alba, me encantan la pintura clásica y las albóndigas en tomate, y punto. No hay más explicaciones.
- Desde luego es usted original hasta en la composición familiar y en la vida sentimental.
Ya estamos otra vez con la misma cantinela.
- Lo decía porque su numerosa prole es de lo más heterogénea, tiene hijos superfamosos y otros que viven en el anonimato.
Cada uno tiene su personalidad y yo se la respeto a todos. Lo que no me negará es que mis hijos, por diferentes que sean entre si, llevan todos el sello de la Casa de Alba, ji, ji.
- También todos parecen tener en común el nulo entusiasmo por su relación con Alfonso Díez.
Eso son paparruchas que se inventan algunos cotillas. Yo no he tenido con mis hijos esos problemas que han salido por ahí.
- Pero Alfonso Díaz es desde hace tiempo su novio, o su pretendiente, y aún no ha pisado el Palacio de Liria.
¡Hala!, ya ha metido usted en la conversación lo que yo no quería. Ni novio, ni pretendiente, es un amigo entrañable y juntos lo pasamos muy bien. Y eso de cazadotes... ¡paparruchas, paparruchas! de quienes se mueren de envidia.
- Aceptando lo de “amigo entrañable”, y sin entrar si en la relación pesa el amor o la amistad, recuerdo que usted tuvo que pronunciarse públicamente sobre un posible enlace matrimonial, incluso se dice que consultó a la Reina.
Es que como dicen en Sevilla, hay mucho malage en el mundo, siempre hay quien está dispuesto a hacer la puñeta. Ya está.
-Bueno, pero parece que las aguas han vuelto a su cauce y que la señora duquesa no teme una traición de su amigo entrañable por el conocido método de hablar en ‘Hola!’ previo pago.
No hará tal cosa por la cuenta que le trae y porque es un caballero.
-En resumen, esa relación está consolidada porque ambos son felices y porque sus hijos han decidido no torpedearla para que Alfonso no se convierta en un despechado hablador.
Se acabó, se acabó, no tengo tiempo para más entrevista, me voy con Alfonso a cenar en el Bateau por el Sena, mientras preparamos un viaje a la India.
-Precisamente quería preguntarle por esa escuela-hogar para niñas en Calcuta que usted ha financiado.
¡Au revoir, au revoir!, ji, ji, ji.