(Abordo al juez Garzón en una de sus infinitas subidas y bajadas de las escaleras de la Audiencia Nacional).
- Buenas tardes, Señoría.
¿Otra vez usted?
-Quería hacerle dos preguntitas respecto a ese paso del Consejo del Poder Judicial para suspenderle en las funciones de magistrado de la Audiencia Nacional.
Lo siento, tengo mucha prisa y no puedo atenderle.
- Trato, simplemente, de actualizar la conversación que mantuvimos en diciembre y saber cómo se siente todo un señor juez cuando está a punto de ser empapelado.
Lo siento, lo siento, ahora no quiero hablar. Mantengo todo lo que le dije entonces y pongo a Dios por testigo, también a ilustres juristas internacionales, de que se está cometiendo un grave atropello contra mi persona y contra una forma de entender la Justicia universal. Dicho esto, puede publicar lo que le dije entonces, porque lo mantengo en todos sus términos. Adiós.
A continuación, la primera entrevista virtual a Baltasar Garzón en vísperas de las pasadas Navidades:
- Señor Garzón, ¿las revelaciones que ha hecho el periódico ‘El Mundo’ pueden interpretarse en el sentido de que la han pillado con el carrito del helado, como se dice coloquialmente?
Alto ahí, no le admito que se dirija en semejantes términos a un administrador de la Justicia con mayúscula.
- Lo siento, no quería echar más leña al fuego de su polémica estancia en New York University cobrando de allí y de aquí. Pero para concretar, ¿reconoce como suyas esas dos misivas que dirigió al presidente del Banco Santander solicitando financiación para su actividad académica?
¡Qué preguntas hacen los periodistas algunas veces! Pues claro que las reconozco. Yo firmé ambas cartas, ¿y qué? ¿Un juez no puede solicitar fondos limpios para una actividad legal en el ámbito académico, que además sirve a los intereses nacionales al acercar España a los Estados Unidos?
- Perdone que le recuerde que en este caso las preguntas las hago yo y usted responde lo que le parezca.
Ejem... está usted rozando la insolencia. ¿Qué pasa, no puedo formular preguntas retóricas?
- Si le parece, vamos al grano. ¿No cree que ese “Querido Emilio” acompañado del tuteo y cercanía con la que trata al presidente del banco, le pueden traer un serio disgusto?
No entiendo porqué. ¿Y si le dijera que al señor Botín y a otros grandes financieros los conozco hace tiempo de congeniar en monterías? La figura del juez aislado de la sociedad es algo trasnochado, yo me implico hasta las cachas en el mundo que me ha tocado vivir.
- Sí, pero como a la vez Su Señoría se implica con el sentido de sus autos y sentencias, entenderá las feas coincidencias de que cuando estaba en tratos con el presidente del Santander para que diera casi 300.000 euros a la cátedra Rey Juan Carlos I que usted ocupaba, sobre ese financiero pendía un sumario en la Audiencia Nacional. Y que al reincorporarse a su Juzgado tras la estancia en EE.UU. sobreseyera una querella por apropiación indebida contra directivos del mismo banco.
A mí, que soy magistrado de la Audiencia Nacional, no me venga con coincidencias. Las coincidencias, coincidencias son. Si en la prensa quieren acusarme algo, que aporten pruebas fehacientes. Si no, mejor se callan. Ya he emitido una nota de prensa aclarando los hechos.
- Efectivamente, pero su nota de prensa, si me permite, aclara lo evidente sin aludir a lo sustancial de las revelaciones de ‘El Mundo’.
Ejem... No tengo más que añadir sobre este desdichado asunto.
Lo que pasa, don Baltasar, es que este asunto lo ha destapado el periódico de Pedro J. Ramírez, otrora gran amigo suyo pues ambos colaboraron estrechamente, cada uno desde su sitio, para sacar a la luz la porquería de los GAL.
Ejem... no sé qué tiene que ver aquello con esto.
- Pues si me lo permite, señor Garzón, que Pedro J. y usted se conocen muy bien, cada uno en lo suyo muestra ambición sin límites y ambos comparten una especie de mesianismo...
Nada, nada. La realidad es que yo no me caso con nadie. No me casé con Felipe González cuando me llevó en su candidatura y no me casé con Pedro José Ramírez cuando quiso capitalizar en provecho propio, y de forma exagerada, lo que fue una leal colaboración de prensa y Justicia.
- Oyéndole explicarse así cualquiera diría que usted nunca ha roto un plato.
Lo que pasa es que tengo muchos enemigos dispuestos a desacreditarme y me persiguen porque en España hay mucha envidia. Por pitos o por flautas siempre hay gente contra mí. Ahora es Pedro J., antes ha sido el PP, más atrás hizo lo propio el PSOE...
- Y eso satisface su ego, porque de lo contrario no se entiende tanto protagonismo.
Nada de eso, mi ego se satisface cuando visito mi pueblo y los lugareños me agasajan o cuando la Universidad de Jaén me inviste honoris causa.
- Está claro que lo suyo no es la modestia, aparte de que con cierta frecuencia usa usted un lenguaje entre cursi y mayestático, digamos que algo rebuscado.
Es que yo soy un señor magistrado desde que me levanto hasta que me acuesto, y tengo que medir muy bien lo que digo y lo que escribo. Ya sea en un auto, en un artículo de prensa o en una carta a un banquero. Incluso contestando a preguntas aviesas como alguna de las suyas.
- Se nota que la condición de magistrado no se la quita ni para dormir. Recuerdo que le llamaron la atención por firmar un artículo de prensa contra la guerra de Irak como magistrado de la Audiencia Nacional. También con el título de magistrado-juez firma una carta enviada a Emilio Botín desde su destino en New York University.
Eso no son más que formas sesgadas, por no decir torticeras, de analizar mi brillante trayectoria, merecedora por cierto de un Nobel de la Paz que no he recibido precisamente por las envidias que sufro en España.
- Ahí queda eso.