
Rodríguez Zapatero quiso que el igualitarismo fuera seña de identidad de su mandato gubernamental y así lo instituyó en diferentes disposiciones. Una de ellas, el Código de Buen Gobierno aprobado en febrero de 2005, establece en su art. 3 como uno de los principios de conducta:
“El tratamiento oficial de carácter protocolario de los miembros del Gobierno y de los altos cargos será el de señor/señora, seguido de la denominación del cargo, empleo o rango correspondiente”.
Así se viene cumpliendo desde entonces, desapareciendo los excelentísimos y las ilustrísimas… pero solo en el ámbito de aplicación del citado Código, que es el Gobierno de la nación y la Administración General del Estado, llamada comúnmente administración central.
El resto de instituciones autonómicas y municipales mantienen los tratamientos honoríficos que deseen, al no estar obligadas por aquel Código con rango de orden ministerial.
Eso ha dado lugar que en el protocolo oficial, junto a los simples Señor Presidente don Fulano o Señora Ministra doña Mengana, haya tratamientos de cortesía superior para otras autoridades de igual o inferior rango. Destacan entre estos últimos el Molt Honorable Senyor President de la Generalitat, el Excmo. Sr. Lehendakari y la Excma. Sra. Presidenta de la Comunidad de Madrid.
No todos los presidentes autonómicos se adjudican ese tratamiento, aunque alguno, como el de Canarias, se mantiene como excelentísimo y además trata de ilustrísimos/as a todos sus viceconsejeros. Algo semejante ocurre en la Comunidad Valenciana, cuyos consellers son honorables.
