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12 de abril de 2013 • 21:37

Con el bueno y el malo destacó López Simón en la corrida de feria de Sevilla

Con un lote de cara y cruz, el que formaron el toro de más calidad y el de más complicaciones del encierro de Fuente Ymbro, destacó hoy en Sevilla el joven espada madrileño Alberto López Simón.

FICHA DEL FESTEJO: Seis toros de Fuente Ymbro, de desiguales hechuras pero de seria y buena presencia en su conjunto. Por la calidad de sus embestidas, destacó para bien el tercero y, por sus complicaciones y peligro, se señaló para mal el sexto. El resto, bajos de raza y sin fondo.

Curro Díaz: bajonazo (silencio); pinchazo y cuatro descabellos (silencio).

David Mora: estocada enhebrada y descabello (silencio); cuatro descabellos y estocada desprendida (silencio).

López Simón: pinchazo y estocada delantera (ovación tras aviso); pinchazo y estocada (ovación).

José Manuel Montoliú, que saludó en el primero, y Félix Jesús Rodríguez, brillaron con las banderillas.

La plaza se cubrió en casi las tres cuartas partes de su aforo.

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UNA HISTORIA DE DOS CAPÍTULOS

La pequeña o gran historia de la cuarta corrida del abono sevillano se ciñó a sendos y únicos capítulos: los que firmó el madrileño López Simón ante los dos toros más contrastados de un desrazado encierro de la divisa gaditana de Fuente Ymbro.

Con el tercero de la tarde, el único de los seis que se empleó realmente siguiendo una muleta, el joven diestro protagonizó los momentos de mayor entusiasmo. Fueron varias series de pases por ambos pitones, de desigual mando y temple, pero tan intensas y frescas que hicieron sonar los olés en el tendido y el pasodoble en los instrumentos de la banda del maestro Tejera.

Después de abrir el trasteo toreando con las dos rodillas en tierra, López Simón supo administrar la medida raza del toro, atisbada en sus constantes miradas hacia la querencia de tablas, pero logrando sacar así la mejor virtud del animal, que fue la de descolgar el cuello y seguir el engaño con recorrido.

No fue faena redonda, pero sí con suficientes méritos para haberse premiado con una oreja de no haber pinchado el madrileño antes de una estocada delantera y tras un final de faena que hizo decaer un tanto el entusiasmo provocado.

Como compensación, tuvo luego que enfrentarse al peor toro de la corrida, un sexto fino y serio que se movió sin emplearse nunca en sus arrancadas, y que fue agudizando su sentido hasta demostrar su verdadera y peligrosa condición.

López Simón lo toreó con la misma frescura que al otro, exponiendo con naturalidad hasta llegar a sufrir una fea voltereta por el pitón que parecía el menos malo del toro, el izquierdo. Y tanto insistió que llegó al momento una segunda, todavía más aparatosa, de la que también salió milagrosamente ileso.

Sin mirarse y sin alardes de falso valor, el joven espada, con sólo un año de alternativa en este mismo ruedo, volvió a ponerse delante del de Fuente Ymbro, ahora por el lado todavía peor, el derecho, en la que fue toda una declaración de intenciones más allá de los resultados estadísticos.

Los restantes cuatro toros de la corrida tuvieron la tónica común de su falta de raza y de fondo, condición que se manifestaba ya en los primeros tercios y se acentuaba en las faenas de muleta.

Reservón y a la defensiva fue el primero de la tarde, y aplomado y sin gas alguno el cuarto, dos toros muy deslucidos ante los que Curro Díaz se mostró firme y solvente.

Tampoco ofrecieron mucho los dos que sorteó David Mora, que si tuvieron voluntad de emplearse ante los engaños que el toledano manejó con temple, y sobre todo el capote, no pudieron desarrollarla por una similar falta de fondo físico y de bravura.

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