Pasan los días y el PP sigue insistiendo en que la culpa de la subida de impuestos que negó es de Zapatero, por haber ocultado la desviación del déficit.
Es lógico que busquen culpables fuera, aunque eso suponga negarse dos veces de golpe. La primera por subir los impuestos tras ocho años insultando -sí, insultando- al Gobierno por hacerlo y la segunda por romper la promesa hecha en campaña de que jamás se quejaría Rajoy de la herencia recibida, porque la asumía y no quería escudarse en ella. Dos mentiras antes de los cien primeros días de Gobierno, así que es normal tener que escribirlo.
Por encima de estas negaciones hay una tercera, de mucho mayor calado. Quienes acusan al Gobierno de Zapatero de haber engañado en el traspaso de carteras olvidan que el desvío del déficit viene de las comunidades gobernadas por el Partido Popular, luego estaríamos hablando con mayor corrección si dijéramos que se han dejado engañar. Es más, alguno podría pensar que le han hecho de forma interesada, para así tener la excusa de una subida de impuestos para que las clases medias paguen los excesos de unos pocos, pero para eso hay que ser muy mal pensado y no es mi caso…
También se está criticando de forma velada la reunión mantenida entre Zapatero y el actual Ministro de Interior, olvidando que un traspaso de poder no empieza un día y acaba en otro de forma fija, sino que muchos temas necesitan de mayor coordinación. En el caso de que esa reunión fuera para hablar del fin de la violencia de ETA, imaginen si es necesario dilatar los plazos y hacer cuantas reuniones fueran necesarias. Debería convertirse en una práctica habitual que hubiera una estrecha colaboración entre Gobiernos salientes y entrantes, más allá de los primeros días, para que los grandes temas tuvieran continuidad y las responsabilidades se aclararan de mejor forma.
Por tanto se equivoca quien trate de hacer ver este traspaso de poderes como poco fluido o sincero, puesto que la realidad demuestra que ha sido, como siempre, de una ejemplaridad digna de estudio. A los españoles se nos dan mejor los traspasos de poder, las épocas de transición que las épocas de gobierno. Esa lealtad institucional debemos agradecerla como ciudadanos y negar a quienes ven en ello que PP y PSOE sean lo mismo. Nada más lejos, pero el respeto democrático a los procesos debe prevalecer siempre que estos hayan sido ejemplares.
Así que se equivoca el PP hablando de engaño, creando rumores sin más fin que el electoral, jugando con un elemento tan delicado en una Democracia como es un traspaso de poderes. Hay cosas con las que no se debe hacer política partidista y mucho menos basándose en mentiras porque lo que está en juego no es un resultado electoral, en la continuidad del proceso democrático.
Es cierto que Zapatero se siente amortizado y empieza a dejar de sentirse responsable de todos los problemas del país -imagínense la presión-, pero sigue presidiendo este país y siendo Secretario General del Partido Socialista por lo que no debería desentenderse de la realidad que le rodea.
El paso atrás que escenifica el PP con sus propuestas contradice por completo el mensaje que pretenden transmitir sus carteles sobre mirar al futuro.
Si bien nunca es comprensible ni tolerable, este año será especialmente innecesario dada la cercanía de las elecciones y por ello el adiós de Zapatero como Presidente de Gobierno, pero tristemente cualquiera apostará a que una vez más se insultará aZapatero durante el desfile de las Fuerzas Armadas.
Es cierto que lo importante de las medidas contra la crisis es el momento de tomarlas y no la medida en si misma, tanto como saber que -injustamente- a esa conclusión no va a llegar nadie salvo Zapatero.
Parece que hay cierto consenso cualitativo sobre la victoria de Zapatero ante Rajoy en el que ha sido el
Burda campaña publicitaria estamos teniendo que soportar. No pasaría ni uno sólo de los controles que cualquier anuncio debe superar pero por ser viral se escapa de la regulación. No debería ser así.
Se puede empeñar todo lo que quiera Zapatero en asegurar que lo más democrático es un proceso de primarias -y tendrá razón en esa afirmación- pero para que se produzcan hace falta algo más que eso; hacen falta al menos dos candidatos.
Francisco Camps es todo sensibilidad… para vestir. La elegancia con la que sus hombros soportan sus trajes es tal que no le queda para nada más lo cual, en periodo electoral, supone un gran handicap dado que el 90% del tiempo lo pasará hablando y dado que es del PP de ese 90% el 100% será para hablar de sus rivales.
Alberto Sotillos