
Algunos lo llaman ya “Primavera Valenciana” y desde luego hay cierto paralelismo; estudiantes osados que tienen el descaro de manifestarse en contra de recortes que les dejan si calefacción en clase en invierno y que son duramente reprimidos con violencia por la policía.
Muchos creenque es exagerado apelar a una comparación así, que España nada tiene que ver con las revueltas árabes y tienen razón, todavía no estamos en ese nivel. Eso no significa, en cambio, que no resulte repugnante ver a la policía cargando a caballo contra menores de edad, empujando a niñas contra los coches, deteniendo con exceso de brutalidad a los jóvenes y disparando al aire para disolver manifestaciones sin que ningún responsable dimita y ponga fin a imágenes tan dantescas como las que hemos podido ver estos días a través, principalmente, de las redes sociales.
Para colmo el Jefe de Policía se refiere a los estudiantes como “enemigos” por lo que el nuevo diccionario del Partido Popular sigue cogiendo fuerza tras llamar “privilegios” a los derechos y “pérdidas” a los trabajadores. Está claro que no entendimos bien ese lema electoral que aseguraba que “empieza el cambio”, con lo claro que estaba.
La violencia, si nadie la frena, seguirá creciendo. No hay nada como ver a la policía lanzarse contra manifestantes para saber que hay quien está dispuesto a todo por callar unas voces críticas, aunque lo haga de la peor manera posible. Es evidente que cualquier carga policial supone revitalizar la protesta y hacerla más grande, mientras que actuar de manera pacífica y colaborativa con los manifestantes siempre lleva a la disolución de la misma.
Algunos mandos se han quedado todavía en las viejas formas de actuación y se parecen más a los grises que a los policías azules que vemos hoy.
Sumado al retroceso social que está aplicando el PP, normal que quieran quitar de TVE la serie Cuéntame, pues sería muy duro ver que los Alcántara nos terminan adelantando…
La foto salió ayer en Twitter, desconozco el autor pero fue subida por @pilarodguez.

Sólo con que a Camps -o a cualquier político- se le pase por la cabeza la idea de pagar la multa y aceptar la acusación de cohecho con tal de poder seguir en el poder debería abrir el debate sobre la necesidad de plantear la dimisión forzosa.
Es probable que el Partido Popular pueda seguir diciendo que en “números globales” ellos tienen menos imputados que el PSOE, pero claro, viendo cómo se las gastan en Madrid, donde cada mes el Gobierno de Esperanza Aguirre pone una querella contra Tomás Gómez que luego el juez una y otra vez las inadmite a trámite, pues nos podemos imaginar lo “voluble” de esos datos de los que ¿presume? el PP.
Menos mal que todos tenemos claro que Rajoy es un demócrata como la copa de un pino, porque de no ser así habría bastante miedo después de su rechazo al acuerdo educativo por no ceder en ninguna de sus exigencias, tras ver sus declaraciones sobre la economía y su insisntencia por decir que España es como Grecia o cuando dice eso de que Camps será candidato diga la Justicia lo que quiera.
Hay muchas, la política está llena de momentos gloriosos. Pero resulta más interesante cuando se hace el seguimiento de una sola persona, de un solo político porque termina por describirla a la perfección.
Parece mentira que todavía haya quien se escude en la censura para cubrir sus actos. Soprende, como digo, que todavía haya quien crea que impidiendo la inauguración de una exposición de fotografías se vaya a lograr que las mismas dejen de verse.
¿Se imaginan que fuera posible que cada alumno tuviera un ordenador con el que trabajar en clase?
Rouco Varela pide que la política no se meta en temas religiosos, mientras alimenta a su infantería entre una manifestación y otra. El Gobierno no tiene derecho a responder a la Iglesia, no puede ofrecer su punto de vista ni debería poder legislar lo que quisiera porque…. sí. No hay más razones, no puede hacerlo y punto, lo dice Rouco y se cumple, como acto de fe.
Alberto Sotillos