Algún que otro comentarista de este blog dirá que este artículo era predecible. Dirá que hubiera apostado dinero y habría ganado. Afortunadamente así es, este espacio hoy merece ser entregado a la reivindicación del pueblo saharaui y saber que ante las atrocidades que están viviendo se espera de uno una reacción es en realidad un halago.
Hay compromisos que no se pueden dejar pasar, por mucho tiempo que pase, por poco tirón mediático que tengan. El compromiso personal de dar voz a ciertas realidades siempre prevalecerá y este es su momento. El Sáhara está viendo violados de nuevos todos los derechos humanos debido a la incursión de Marruecos en territorio saharaui por la fuerza. De esa misma manera empezó todo, continuó con el silencio internacional -y la humillante inacción española- y sigue hoy repitiéndose.
Uno llega a aceptar que la ONU no haga nada, que Europa mire para otro lado pensando que Marruecos puede hacer aquello que quiera con tal de ser la frontera del Sur -alto precio nos cobran- pero sigue sin soportar que el Gobierno español, sea del color que sea, mantenga la vejante situación de la que es responsable. Responsable por no hacer nada entonces y responsable por llevar desde entonces igual; sin hacer nada.
La izquierda -el PSOE es quien tiene la oportunidad-, promete una y mil veces hacer una apuesta decidida por la realidad saharaui y se desmiente todas y cada una de esas veces. La actualidad es un ejemplo perfecto. La única reacción de exteriores ha sido pedir a la ONU “que haga algo”, es decir, es como pedir al hermano mayor que está en América que les diga a tus padres que te dejen jugar a la pelota en casa.
Y el Rey, que todos sabemos tiene línea directa con Marruecos, parece estar sin cobertura, probablemente porque nadie del Gobierno le habrá pedido la más mínima gestión.
Pasan los años y seguimos -siguen- igual. Este conflicto nos recuerda todos los días que, hoy, todavía siguen siendo más importantes las relaciones comerciales que los derechos humanos y la Justicia. Sólo sirve para eso y para que cada vez más gente le pida al Gobierno español (sin importar las siglas) que por una vez haga algo, que no se esconda, que no haga las américas.
La lucha de Aminatou Haidar es tan heroica que empieza a rozar el límite del martirio. Su intento por extender hasta el infinito las posibilidades del Gobierno de España, para luego rechazarlas, deja a Moratinos en la nada, a la espera de una reacción imposible de Marruecos.
Un año más, el cine se vuelca con los refugiados saharuais, para ofrecer una visibilidad que se les suele negar durante el resto del año.
Alberto Sotillos