Todavía recodamos bien cuando se ponía en duda a Tomás Gómez al asegurar que en la Agenda del Partido Popular estaba el copago. Lo recordamos bien porque no hace más de un año y porque muchos, además de él, intuían que ese sería el camino.
No estaba solo el PP en esta apuesta abusiva, también UPyD consideró conveniente llamar "pildoreros" a los más mayores, haciéndoles responsables del gran gasto farmacéutico del país.
No han considerado poner en marcha la Ley aprobada por el PSOE para que las farmacias entregaran la dosis exacta de medicamentos prescritos y que ahorraría millones de euros, han preferido gravar al pensionista y tirar por el camino fácil.
Incapaces de resolver problemas por sí mismo, el Partido Popular no encuentra otra vía que la de pasarnos el problema a los contribuyentes en forma de nuevos pagos, subida de impuestos y perdones a los grandes estafadores.
Este copago pone de nuevo en cuestión la promesa electoral del PP, cuando aseguraba a los pensionistas el mayor de los respaldos y ahora les hace pagar por estar enfermos, por ser mayores. Un impuesto a la enfermedad, al dolor, a la edad.
En breve lo pagaremos todos y pasaremos de estarc cubiertos en caso de enfermedad a tener una desprotección absoluta, con medicidas de copago y con el riesgo de despido de nuetra empresa a pesar de ser una enfermedad justificada.
Así desaparece el Estado de Bienestar y desaparece nuestro Estado, reducido a la importante labor de exprimir cada céntimo de los asalariedos y autónomos para así poder defender los intereses de las 4 multinacionales que se dicen españolas pero no pagan casi ningún tributo dentro de nuestras fronteras.
Dejamos de ser un Estado para convertirnos en el bufete de abogados de multinacionales más caro jamás diseñado.
Cuando una pregunta comprometida queda sin respuesta oficial, pero todo el mundo tiene una propia y se sigue sin ofrecer la oficial durante todo un día se comete uno de los errores políticos más grandes. El silencio administrativo siempre se considera como una aprobación a favor del ciudadano y el silencio político como una evidencia de que no se puede responder a lo que está en la cabeza de la gente. Vamos, que se da por asumido que tienen razón.
Así como en España no existieron comunistas durante 40 años, ni homosexuales, ni divorcios, ni abortos, en EEUU llevan algunos más sin socialistas fuera del armario.
Alberto Sotillos