Recordarán ustedes a César Cabo, portavoz de los controladores aéreos en aquel Diciembre en que los militares pasaron a tomar el control. Tiene un blog con reflexiones sobre la actualidad y hace unos días leí una frase suya que cobra especial sentido estos días, cuando nuestro espacio aéreo parece quedarse vacío por momentos.
Se refería a la necesidad de “afrontar desde la Administración Central, con valentía y visión estratégica, la necesidad real aeroportuaria de una nación volcada en el tren de Alta Velocidad desde hace más de una década” y sin duda en esa dualidad está buena parte de la situación de hoy.
España ha apostado como casi ningún otro país del mundo en trenes de alta velocidad (nos copian hasta en EEUU) pero sigue manteniendo precios elevadísimos en este medio de transporte cuando además los turistas vienen en avión. Por el contrario no hemos sido capaces de mantener o facilitar una aerolínea española -pública en el mejor de los casos- lo que nos deja en manos de compañías en quiebra o todavía peor, en manos de Ryanair…
El caos es absoluto, sin ninguna planificación a largo plazo y con la necesidad de vender los aeropuertos como forma de financiación.
Es necesario optar, saber si vamos a trenes o a aviones. Saber que el AVE debería ser un medio de coste asumible si va a suplir todos los recorridos que hasta ahora se cubrían con avión o apostar por una gran línea aérea española y seguir dejando que el tren sea un medio de transporte de lujo.
Poner parches para cada momento no soluciona nada, más bien todo lo contrario. Vamos perdiendo calidad y oferta en vuelos de forma gradual según pasan los años mientras el resto de transportes no bajan de precio. Se condena a la Sociedad española al coche -a pesar de los abusivos precios de la gasolina- o a compañías que se venden como bajo coste cuando lo único bajo es la calidad, la seguridad y el trato. Se está obligando a los españoles a tener que subirse a unos aviones de una aerolínea que no respeta la legislación española, que viola los derechos de los ciudadanos españoles y que decide aleatoriamente quien vuela y quien no.
Un país como el nuestro, que vive del turismo, no puede permitirse quedar en manos de compañías así por ser incapaz de crear una alternativa, ya sea por tierra, mar o aire…
En España opera una compañía aérea que tranquilamente se salta la legislación española en materia de vuelos nacionales. AENA lo sabe y gestiona abundantes reclamaciones y denuncias por ello, pero a pesar de eso siguen permitiendo que en los aeropuertos españoles opere Ryanair, que no tiene reparos en dejar a pasajeros en tierra por cláusulas abusivas y contrarias a la Ley española.
Alberto Sotillos