
La situación de España no tiene salida por el camino habitual, no hay forma de volver a la misma senda. Los partidos políticos están obsoletos, las instituciones quemadas y el Gobierno incapacitado para manejar un país que requiere de una modernización histórica.
Un sistema político hecho a medida para salir reforzados de una Transición que ha funcionado los suficientemente bien durante 40 años, pero que ahora hace aguas y mantiene a la ciudadanía atrapada en un modelo pensado para un momento completamente superado.
La reforma necesaria es global, con nuevos paradigmas de la política, del gobierno y de la sociedad civil. Una ciudadanía mucho más responsable y participativa necesita de canales de actuación libre y no de votaciones cada cuatro años. Hay madurez democrática suficiente como para abrir el sistema a nuevas formas de participación política y eso es lo que deben comprender los actuales politcos, que han quedado obsoletos.
Los partidos políticos sufren del mismo mal, con estructuras internas destinadas a la propia superviviencia, a la emisión de un mensaje en vez de a la recepción de los miles que llegan de las calles. Políticos orgánicos que confunden la responsabilidad con el inmovilismo y la complicidad y la sensatez con la ausencia de innovación.
España necesita unos partidos polítcos radicalmente diferentes a los actuales y muchos de ellos no están preparados para un cambio así.
Una situación general de cambio que se acelera estos días con la incapacidad manifiesta de Rajoy, con unos recortes ocultos, con escapadas por la puerta de atrás y con la capacidad de haber cabreado definitivamente a funcionarios y autónomos. Eso no es una chispa, es directamente un chorro de gasolina.
Si no fuera por la incapacidad para dimitir que vienen mostrando a lo largo de la historia los españoles en general y los dirigentes Populares en particular, medio Gobierno actual ya estaría en sus casa.



Alberto Sotillos