Todavía recuerdo cuando el principal problema de la política, del que se quejaban sociólogos reconocidos, políticos e incluso maestros de escuela, era la baja participación en la política. El apolitismo se entendía como un gran fallo del sistema que necesitaba de solución urgente pues se entendía clave para el sostenimiento de nuestra Democracia.
No han pasado demasiados años de aquello, pero sí ha pasado un gran movimiento social entre medias y eso, a veces, es más distancia que el tiempo. Es innegable que en el 15M hay una esencia participativa de la ciudadanía que era precisamente el sueño de esos expertos preocupados. Una esencia que se ha desvirtuado -tal vez- con las últimas acciones, pero que logró sacar a la calle a miles de ciudadanos completamente heterogéneos para hacerles partícipes de la política, de las decisiones públicas y para formar una sociedad más involucrada.
Ante esta realidad, y conocido el miedo que se decía tener hacia esa juventud despolitizada (aterraba especialmente a la izquierda al entender que ese apolitismo terminaría en voto "desideologizado" en favor de la derecha) lo lógico hubiera sido que nuestros gobernantes pusieran al servicio de estos movimientos todas las facilidades posibles. Pues ya ven que ha ocurrido todo lo contrario.
Primero porque esta revitalización política está mermando la fuerza política de la izquierda, que se sigue subdividiendo hasta atomizarse en vez de refozar a un organiasmo capaz de crecer en la dirección correcta… aunque ahora pueda parecer algo débil. La derecha, feliz ante las críticas intestinas sigue multiplicando sin esfuerzo el valor de cada voto ya conseguido hace… años.
Y segundo porque las fuerzas políticas actuales parecen haber pasado del miedo del apolitismo al terror hacia una ciudadanía crítica e implicada políticamente. Si les llegamos a preguntar a los sociólogos -incluso a los políticos- que mencionábamos al principio si verían bien un referéndum que venga expresamente pedido por la ciudadanía no habría duda en la respuesta y sería radicalmente opuesta a la que hoy se está dando. Del negro al blanco en meses.
Una incoherencia e injusticia tal, viendo que se ha renovado la ciudadanía a sí misma a petición -en cierto modo- de los políticos, que ahora deberá llegar por fin la renovación política -y de los políticos- que tanto están pidiendo los ciudadanos. Y es que hoy, que tenemos finalmente una sociedad implicada, debemos pasar a una democracia participativa lo antes posible si pretendemos mantener la credibilidad en el sistema.
En todo caso ya saben que si las revoluciones no se hacen desde arriba, se hacen desde abajo… aunque a muchos políticos se les parezca haber olvidado esta demostrada Ley.

Alberto Sotillos