Crecí escuchando una frase que decía que cuando Estados Unidos estornudaba, Europa se resfriaba, haciendo alusión a lo que suponía para el mercado europeo que los americanos tuvieran el más mínimo problema.
Ahora, con la Globalización completada casi al 100%, hemos logrado revertir esa sentencia y poner nosotros en apuros a la gran potencia.
La diferencia es que nosotros no hemos estornudado, sino que estamos en la UCI y llevamos en ella el tiempo suficiente como para que Estados Unidos esté empezando a notar un resfriado. Obama, con cierto nivel de desesperación por lo que parece una incapacidad manifiesta de Europa para solucionar sus problemas no ha dudado en intervenir en el G20 para explicarnos de lo importante que es salvar el Euro. Sí, lo dice el capitán del dólar, la moneda “rival”.
Ha presentado incluso ples para ese rescate de la moneda europea, necesitado de que empiece repuntar nuestro mercado para poder comprar lo que ellos exportan. Ahogado por las medidas de austeridad de la derecha europea -como el resto del mundo- sabe que la economía desaparece y que por muy grande que sea la separación del Océano Atlántico, al final nuestro agujero negro termina por afectar al mundo entero.
Porque una Europa que se extingue, como plantea Merkel y alaba Rajoy es un sumidero económico, fuente de decrecimiento y un monstruo de las galletas que devora lo que sí es de verdad el sistema circulatorio de nuestros estados; la capacidad de compra.
O pasamos a apostar por el crecimiento, arriesgando en inversiones (habiendo aprendido con esta crisis cómo se debe de valorar una inversión) o llegaremos al colpaso porque habrá un momento en el que no se pueda recortar más, en el que los ciudadanos no tengan dinero para pagar el aumento de tasas, impuestos, multas…
No somos una máquina sin fondo, no somos el cajero automático del Estado, financiando su austeridad para cuadrar unas cuentas nacionales mientras descuadra las de todas las familias españolas.
Hay que frenar a quienes nos ven como bolsas de dinero -cada vez más pequeñas- a las que ir robando para recibir la palmadita de Merkel en la espalda.
Invertir en crecimiento es asegurar la forma de pagar la dedua, invertir en austeridad es la forma de pagar los intereses.
Creo que ayer escuche la broma, alguien decía para terminar su análisis sobre la deuda estadounidense que deberían cambiar el nombre por el de Estados Hundidos. Pocos se rieron, básicamente ninguno, pero hay un fondo cierto en la afirmación teniendo en cuenta que para un español la economía americana ha sido siempre el paradigma.
La vida se acelera por minutos, la realidad cambia a cada instante y año tras año caen los mitos que nos ayudaban a definir nuestro entorno, que daban seguridad y predecibilidad a nuestra vida en Sociedad.
Normalmente llevan a la desesperación -especialmente cuando desempeñan mal su trabajo- provocan la ira y la reciben en demasiados casos. Son el centro de las miradas en cada decisión por ser ellos los que deciden y su importancia radica en el respeto que hacia ellos les tenemos.
Ahora que los republicanos parecen sacar más de 12 puntos a los demócratas en Estados Unidos, a pesar de Obama, tal vez sea un buen momento para reflexionar sobre ese éxito electoral ya pasado, del que tanto se ha hablado y qué tanto ha marcado.
La falta de noticias -es lo que tiene el verano-, la fama de la familia Obama y la pasión española por la prensa del corazón hacen un cóctel explosivo, demasiado fuerte para algunos.
Al final no le ha venido del todo mal a Zapatero el desayuno religioso en Estados Unidos, a pesar de que muchos dudábamos de su idoneidad. Se ve que una foto con Obama es una foto con Obama, bendiga quien bendiga la unión.
Así como en España no existieron comunistas durante 40 años, ni homosexuales, ni divorcios, ni abortos, en EEUU llevan algunos más sin socialistas fuera del armario.
Hoy me pueden creer, no voy a hablar de Berlusconi. No hace falta.
Alberto Sotillos