La reina del déficit, que ha logrado hacer subir el dato nacional y hundir un poco más nuestra credibilidad en el mundo, es muy de actos de puertas cerradas.
No por lograr que sea más elitista, sino porque evita que la ciudadanía exista, la hace desaparecer y así vuelve a ser inútil tenerla en cuenta. Está acostumbrada a que sus intervenciones oficiales sean prácticamente a puerta cerrada puesto que la Comunidad de Madrid, a pesar de tener dos canales de televisión autonómica, nunca encuentra hueco para emitir en uno de ellos los debates en el Pleno de la Asamblea de Madrid.
Son sesiones en las que apenas entran unos invitados selectos, dejando fuera al resto de la ciudadanía y logrando así que no fiscalicen su desastrosa labor política, que no se conozca a sus consejeros que aseguraron un déficit perfecto, al Presidente de la Asamblea que negaba la existencia del Metrobús (Abono de viajes en Metro y Autobús de Madrid) y, sobre todo, que no se oigan las voces de la oposición que semana tras semana dejan a Esperanza Aguirre en blanco.
Debería ser un debate que se emitiera con la máxima difusiónposible puesto que es allí dónde se toman las decisiones que afectan a los ciudadanos pero casualmente ocurre todo lo contrario. Por si fuera poco, las sesiones se alargan hasta la madrugada, invitando así a que ningún ciudadano tenga la osadía de querer verlo en directo.
Por eso no extrañan sus palabras a modo de cortina de humo, porque Esperanza Aguirre representa la política a puerta cerrada, de espaldas a la ciudadanía. Ha cerrado las comisiones de investigación siempre en falso, impidiendo que se hiciera la correcta labor fiscalizadora, manejó Caja Madrid y Bankia desde la sombra en una lucha contra Gallardón de la que en nada se beneficiaban los ciudadanos, tiene pendiente un caso de espionaje y las privatizaciones de hospitales que la Comunidad construye siempre caen en manos de grupos empresariales donde abundan los apellidos cercanos a su partido.
Esperanza Aguirre gobierna a puerta cerrada, normal que entienda también así el fútbol.
Muchos siguen empeñados en que PP y PSOE son lo mismo, a pesar de la demostración contraria que ha hecho el PP en estos escasos días de gobierno.
6 meses ha tardado Gallardón en tirar todo el valor de su palabra a la basura. Ese ha sido el tiempo de compromiso del Ministro con los ciudadanos madrileños a los que les prometió dirigir durante 4 años.
Fue noticia en su momento, como todo lo que roza a Esperanza Aguirre porque para eso tiene cadenas propias, cadenas afines y cadenas amigas, tanto de televisión como de radio.
Estará recordando ahora Gallardón aquel congreso del Partido Popular en que Esperanza Aguirre puso la canción “The Winner takes it all” (El ganador se lo lleva todo), cuando él salía a hablar, con cierto gusto de venganza.
Érase una vez un madrileño que, descontento por la crisis económica mundial, decidió castigar el 22 de Mayo a los socialistas de su Comunidad dejando de votarles o directamente votando a Esperanza Aguirre. Ese madrileño quería castigar a Zapatero, al PSOE y al mundo por todas las injusticias que estaba sufriendo. Muy probablemente en paro, con una hipoteca que pagar y una amenzaza de desahucio entendió que lo mejor era utilizar unas elecciones locales para mostrar su enfado por la política internacional.
Si estás cediendo los colegios públicos, los polideportivos y todos los espacios públicos que existen a una confesión religiosa privada no puedes luego quejarte de que tus ciudadanos quieran salir a la calle a reunirse para pedir mejor democracia.
No conozco a nadie que no asuma una reivindicación como la que proponen con ese grito de “Democracia Real Ya” a excepción de quienes hoy, todavía, siguen añorando tiempos pasados.
Alberto Sotillos