Puede parecer asombroso, pero hay gente universitaria, premios Nóbel, Pulitzer y hasta Príncipes de Asturias que se declaran de izquierdas. De ellos algunos incluso votan al PSOE.
Las facultades estan llenas – puede que en Derecho menos- de jóvenes formados que quieren votar al PSOE, casi tantos como jóvenes formados que quieren votar al PP. Puede que encontráramos una diferencia cualitativa entre las carreras más sociales y las más técnicas con puntos intermedios como Arquitectura, pero la suma de todos se parecería mucho al resto de la Sociedad. Y probablemente esta diferencia sea la única contrastable científicamente -habría que hacerlo-, al menos para todos menos Francisco Granados, número dos de Esperanza Aguirre.
Granados -ese político envuelto en espionajes y casos de corrupción investigados actualmente en los juzgados- ofrece una tesis más profunda que propugna con tanta fuerza que pudiera parecer contrastada científicamente. Para él la necesidad de ofrecer una Educación de calidad tiene sentido en cuanto eso supone evitar que en el futuro haya votantes del PSOE. Asegura que a más educación, menos socialistas habrá.
Es decir, para el PP de Madrid la Educación es un instrumento para lograr ciudadanos votantes del PP. Lo dicen unos meses después de oponerse frontalmente a Educación para la Ciudadanía por considerarla una fábrica de rojos y tras acusar al Gobierno de pretender adoctrinar a los niños. Como ven, la incongruencia es tal que no puedo evitar dudar de la formación intelectual del señor Granados, lo que lleva a replantearse el sentido de su voto en base a su teoría.
Tampoco se entiende -de hecho contradicen por completo los hechos a las palabras- que la Comunidad de Madrid sea de los gobiernos regionales que menos invierte en Educación. Cabría esperar que si Granados quiere asegurar la mayoría absoluta del PP, hubiera invertirdo durante estos años más dinero en vez de hacer recortes presupuestarios cada legislatura.
Así que para encontrar sentido a las palabras de Granados sólo queda una posibilidad; Apoyar y fomentar determinadas formas de educación privada (universitaria y escolar), financiando con fondos públicos a entidades ultrareligiosas que evidentemente sí logran fomar a grandes masas de jóvenes con odio a las siglas del PSOE. En ese caso todo encaja.
Encaja que la Comunidad de Madrid reduzca las partidas preupuestarias para la Educación de todos mientras subvenciona la Educación para privilegiados, encaja que no se cumplan las ratios de alumnos/profesor en las aulas públicas, encaja que las plazas de guarderías públicas no cubran ni por asomo las necesidades reales o que se quiera hacer un bachillerato de privilegiados, retorciendo una buena idea hasta convertirla en un asunto peligroso.
Lo que no encaja es que luego Esperanza Aguirre tenga el valor de acusar de adoctrinar por querer fomentar la inclusión de valores ciudadanos en las aulas mientras mira a la ecucación como una fábrica de votantes del PP.
Alberto Sotillos