En España opera una compañía aérea que tranquilamente se salta la legislación española en materia de vuelos nacionales. AENA lo sabe y gestiona abundantes reclamaciones y denuncias por ello, pero a pesar de eso siguen permitiendo que en los aeropuertos españoles opere Ryanair, que no tiene reparos en dejar a pasajeros en tierra por cláusulas abusivas y contrarias a la Ley española.
Es un caso bien conocido por la opinión pública -al menos por una parte significativa- y además en este caso hay un componente personal.
Quienes traten de volar con sus hijos menores a un destino nacional, aportando como exige la Ley el Libro de Familia, les denegarán el embarque, mostrándoles una cláusula en el billete (casualmente el único texto que ponen en catalán cuando el resto está en castellano) que pone literalmente que “cada pasajero debe presentar su documento de identificación con fotografía válida”. Por mucho que se logre aportar un documento oficial que identifique al niño con foto, lo rechazarán igual, incumpliendo así incluso su propia normativa y negando la validez de un documento oficial.
Por tanto, a pesar de cumplir con las exigencias que nuestro país nos hace, se autoriza que una compañía pueda vetarnos por motivos arbitrarios. Evidentemente, cabe preguntar a Fomento por esto y así lo hago aquí públicamente.
Sobre todo porque no es un caso único -de serlo no lo contaría en este foro- y hay sentencias en contra de esta arbitrariedad. Se trata además de una compañía que incluso ha tenido que hacer aterrizajes de emergencia porque se les había despegado una ventanilla que simplemente había pegado con cinta adhesiva. Sí, textual.
Tampoco lo tienen fácil las embarazadas, pues a pesar de que las directrices de la Agencia Estatal de Seguridad Aérea aseguran que “solo se precisa certificado médico en caso de superar las 32 semanas”, Ryanair exige presentar un certificado médico en inglés (no puede ser en castellano aunque el vuelo sea en España) incluso a las mujeres con un embarazo de 28 semanas.
Con estos graves fallos de seguridad y uso abusivo de cláusulas privadas arbitrarias sorprende que esta compañía pueda operar en aeropuertos internacionales de prestigio y, sobre todo, que el Gobierno lo consienta, velando más por el interés de la compañía privada que por el de sus ciudadanos.
Está claro, para futuras ocasiones, que por mucho que los horarios de vuelo coincidan con lo solicitado, Ryanair queda excluida del abanico de compañías aéreas con las que volar.
Son demasiados motivos y demasiadas “trampas legales” sin sentido como para que se cumpla el requisito fundamental que un pasajero espera al montar en un avión; confianza. Con Ryanair desde luego, todo lo contrario.
Con el verano llega el calor, las vacaciones, la canción del verano y la huelga de controladores (queda la de pilotos…). Puntual como un reloj, molesta como de costumbre, encubierta como casi siempre.
Alberto Sotillos