
Ahora que es cuando ETA menos está, algunos están empeñados en sacarla en cada frase, titular o tertulia, como con ansia de recuperar un pasado superado que ha dado paso a un momento único en la País Vasco, esperado durante décadas.
Ven a ETA incluso donde no está, se adelantan a las elecciones y le entregan gobiernos, diputados y hasta partidos políticos. Se convocan unas elecciones democráticas y hay quienes dedican sus portadas a la banda terrorista -porque son terroristas, por mucho que Aznar hablara del Movimiento Vasco de Liberación…- en vez de dedicar ese mismo espacio a la celebración de unas elecciones sin violencia.
En el mundo de la política, un ala esencial del PP ha decidido que su discruso no debe variar un ápice a pesar de la realidad y siguen hablando de los terroristas en presente, incapaces de reconocer el triunfo de la Democracia sobre ellos.
Niegan el fin de ETA porque sigue habiendo quienes quieren la independencia, porque no hay todavía entrega de armas (en el caso del IRA fueron años de espera) o por intereses varios que aquí no nos competen pero que hacen un flaco favor a quienes han dejado sus vidas por este momento.
Un resultado electoral no puede estar por encima del sentido democrático. No hay razón para hablar, forzados, de unos criminales que han reconocido la derrota de la vía armada para imponer unas ideas. Es poco sensato hablar en estas elecciones de ETA en presente en vez de seguir trabajando por esta línea que les deja cada vez más en el pasado.
Que no se obstinen en querer quitar el protegonismo de ese logro a Patxi López o incluso a Rubalcaba porque la ciudadanía sabe perfectamente que es una labor de todos y cada uno de los españoles.
No hay ninguna necesidad de generar o amplificar problemas cuando actualmente tenemos suficientes por resolver…
La expresión ha dado ya varias veces la vuelta al mundo a través de las Redes Sociales, en boca de una nación especialmente orgullosa de poder gritarlo al universo.
Debe haber pocos asuntos más complicados de manejar en estos momentos como la gestión de los últimos pasos de ETA. Probablemente las tensiones que vemos sean sólo la punta de un iceberg de proporciones titánicas moviéndose lentamente hacia un rumbo más o menos definido pero al que se llega atravesando mucha niebla.
No podemos vivir sin opinar de aquello que no está contrastado, como tampoco somos capaces de no sutentar nuestras frases en la nada. Por eso, para salvar ese espacio intermedio entre la certeza y la imaginación el ser humano creó los rumores y desde entonces hasta se vienen sucediendo estudios sociológicos sobre los mismos. De hecho está perfectamente calculada la velocidad de propagación y los canales más efectivos y su utilización en comunicación política sigue siendo tan esencial hoy como en Roma.
La Sociedad española ha asumido que la credibilidad de una banda terrorista tiende a cero y que sus intenciones no pueden ser buenas nunca hasta el momento de su disolución final.

El cambio en las formas es, normalmente, la prueba evidente del cambio en el fondo. La reacción de la política vasca al asesinato de Eduardo Puelles es esa prueba del cambio en Euskadi en casi todos los niveles.
Hay días en los que leer la prensa te obligaría a meterte de nuevo en la cama, a esperar que mañana la cosa cambie.
Alberto Sotillos