Así, como la canción, están muchos últimamente.
Mientras gobernaba Zapatero llegaban a decir que estábamos intervenidos aunque no lo pareciera, con Rajoy se olvidaron de esas acusaciones a pesar de los rescates bancarios, la prima de riesgo en máximos histéricos y los “Merkel me ha dicho que…”
Los que ahora se pelean por la soberanía de Gibraltar -en días alternos- están regalando la nuestra a esos especuladores contra los que ahora combaten pero que cuando gobernaba Zapatero no existía, porque como dijo Soraya Sáenz de Santamaría “la prima de riesgo tiene un nombre, se llama Zapatero”. No queremos saber qué nombre tendrá entonces ahora, no ha dicho nada la viajera.
O tenemos a Montoro, que en un alarde de responsablidad pidió q los socialistas que hundieran España, que ya la levantarían ellos. Visto lo visto, menos mal que no le hicieron caso.
Y así nos gobiernan los que se creían superhéroes de la patria, los que piensan que el mal e personifica siempre en un nombre, en Zapatero y que, ilusos, creen que sin el villano no existirá más la maldad.
Viven en un cuento irreal en el que crecieron felizmente en oposición impulsados por una derecha mediática que ahora no duda en atacar su ineptitud manifiesta.
Lo pagamos los españoles por quienes desesperados votaron una alternativa -creyeron que así era- que prometía exactamente lo contrario de lo que hace y eso se llama estafa, suficiente para restar legitimidad a quien además no parece querer ostentarla y se ve cómodo en brazos de Merkel, acunado.
Irresponsables muchos, hasta el punto de querer un rescate que para nada hace honor a su nombre. Se trata de una fagocitación, control y esclavitud política y económica. Anulados quienes al menos tienen un cierto interés por España, vendrán quienes sólo ponen sus ojos en la deuda para hacer felices con nuestra riqueza a quienes han creado esta situación que lo propicia.
La semana pasada, cuando peor estaba Bankia y sus acciones -las que habían comprado los ciudadanos que se hacían “Bankeros”- no paraban de caer se nos dijo que era impensable suspender la cotización de dicho valor en el mercado, pues supondría una enorme merma de confianza y significaría el desplome total.
Gracias al poder de algunos medios de comunicación, siempre imparciales, y de unos políticos empeñados en hacer de la coherencia un vestigo de épocas anteriores se logra que no solo el tiempo sino toda la realidad sea relativa.
Desde fuera de España nos miran con expectación, apostando cuánto seremos capaces de aguantar. Krugman, premio Nobel, asegura que estamos a un paso del corralito y el Apocalipsis financiero.
Que un 1º de Mayo -en la situación actual- se vea eclipsado, incluso en las portadas de los diarios que se dicen progresistas, por la nacionalización de una empresa en Bolivia explica bien porqué estamos llegando a esta situación tan dramática para todos lo españoles.
Pusieron a caldo a los políticos, por estar, pero parecer desaparecidos. Negaron la buena labor que muchos políticos hacían en lo local al atacarles como grupo, poniendo las quejas sobre todos y acusando sin matices a toda la clase política. Había razones para estar descontentos, en todo caso.
Completamente cierto. Todos los que estamos sometidos a ella tenemos en principio el mismo trato, la diferencia es que hay quien no está sometido de la misma forma ya que “no es responsable” de nada.
La expresión ha dado ya varias veces la vuelta al mundo a través de las Redes Sociales, en boca de una nación especialmente orgullosa de poder gritarlo al universo.
Estará recordando ahora Gallardón aquel congreso del Partido Popular en que Esperanza Aguirre puso la canción “The Winner takes it all” (El ganador se lo lleva todo), cuando él salía a hablar, con cierto gusto de venganza.
Ya no se matarán más toros en Cataluña por el placer de unos pocos taurinos. Quedan tradiciones similares, alguna incluso con menos componente artístico -si es ello posible- pero la “fiesta” del toro por excelencia cerraba hoy defintivamente con un lleno absoluto en La Monumental de Barcelona.
Alberto Sotillos