El Partido Popular no podía tolerar que los niños tuvieran que aprender a desarrollar un pensamiento crítico, a conocer otras realidades, a comprender el marco de convivencia en el que pasan su día a día.
Algo así resultaba ser “adoctrinador” y amparándose en el revuelo social que ellos mismos crearon cuando eran oposición, hoy encuentran la excusa perfecta para eliminar la asignatura de Educación para la Ciudadanía.
Tan grave era que los alumnos estudiaran el valor de ser ciudadanos activos y participativos que el Partido Popular ha preferido invertir el orden de intereses que aseguró tener en campaña electoral dejando para lo último el empleo tras asegurar que era su prioridad y poniendo en un primer plano políticas tan imprescindibles como eliminar esta asignatura, cambiar los nombres de algunas calles, hacer que la Justicia sea de Repago o volver a una Ley del Aborto de 1985 con la que las menores que se queden embarazadas tendrán que volver a abortar en clínicas ilegales sin ningún tipo de garantía o sufrir la violencia en su entorno familiar. Todo un éxito, como ven.
Hay que reconocer, eso sí, que tiene razón Gallardón cuando dice que esta decisión ha sido la más progresista de su vida, sólo les habrá extrañado a quienes todavía creían en ese eslogan de que era el centro de la derecha. Nada más lejos.
Así que las prioridades están claras para este Gobierno, que está dejando boquiabiertos a quienes aseguraban que el PP no se atrevería a dar pasos atrás con los derechos adquiridos y conseguidos. Tendemos a olvidar lo mucho que cuesta el progreso y lo poco que se tarda en retroceder. Defender los derechos necesita de una actividad diaria -eso debería ser materia sin duda de Educación para la Ciudadanía- y de un compromiso a largo plazo, conscientes de que siempre habrá quienes quieran restringir nuestras libertades con la excusa de cualquier necesidad ajena.
Queda por preguntar a Rajoy cuántas más medidas revanchistas de este tipo quedan pendientes hasta que se ponga a solucionar de una vez los datos de paro y entienda que la economía o se activa o la cerramos definitivamente y pasamos al trueque… si nos queda algo.
Aznar y Felipe González se ponen de acuerdo en algo y pronostican a la vez el abismo de la Unión Europea mientras los actuales dirigentes simplemente parecen no saber qué es exactamente esa unión.
Una vez en fase terminal la SGAE, con sus cuentas inspeccionadas, sus directivos encausados y dimitidos y una sensación de necesaria renovación, el testigo de la institución con peor fama de España pasa de nuevo a manos de los controladores aéreos.
No es nuevo que la actualidad está en Twitter -esa Red Social de 140 caracteres constantemente actualizada- repartida casi al 50% entre periodistas y políticos, pero en la que mandan los ciudadanos. Su nivel de crecimiento en España es de una velocidad impresionante y si no medidos sólo el número de nuevos usuarios, sino que nos fijamos en la influencia derivada… se nos sale de las manos.
Lo comentaba el otro día con unos amigos, que a pesar de mis explicaciones seguían empeñados en asegurar que en este país la lacra es que quienes defraudan a Haciendia, quienes hacen trampas encima son vistos como los más listos, frente a los que pagan todo y se les tilda de tontos.
Tal vez yo sea el único sorprendido por los titulares que leíamos en relación a la detención del último jefe de ETA. Tal vez yo sea el único que no entienda el motivo por el cual nos ofrecían los periódicos ese dato que nos describía al arrestado meándose en sus propios pantalones. O tal vez no.
A lo largo de esta semana los niños vuelven al colegio. Gran parte de ellos empezarán, por lo tanto, a leer sus libros sobre Educación para la Ciudadanía y muy problablemente, lo hagan los padres también.
Alberto Sotillos