Zapatero era muy malo, un gestor horrible y un sinfín de adjetivos que algunas portadas de periódicos le proferían bajo la cifra de una prima de riesgo más baja que la actual. Era todo eso y evitó el rescate de España.
Rajoy, que es el adalid de la buena gestión y de los milagros económicos, que no sufre esas portadas aunque con él la prima llega a récords, parece que sí va a tener que acudir a ese pésimamente mal llameo rescate.
En España se puede dar perfectamente esa paradoja porque la realidad nunca ha estropeado una buena historia a determinada prensa, porque la capacidad de culpar a la herencia es infinita (hoy mismo se ha podido escuchar en algún municipio de Madrid gobernado por el PP que si se sube el IBI municipal es por culpa de Zapatero…) y porque habrá quienes siempre vean con buenos ojos que los presidentes de las Comunidades Gobernadas por el PP ocultasen su déficit por motivos electorales. Pasadas las elecciones, pagamos todos, claro.
En cambio sí está gestionando bien Rajoy la comunicación estos días. España parecía necesitar el rescate hace un mes pero no llegó. Los eufemismos llevan dominando estos días y se debate sobre cómo llamar al rescate a España para que Rajoy no se niegue a aceptarlo y así dilatar el mismo unos días. Casualmente parece que el rescate llegará el fin de semana que la Selección española debuta en la Eurocopa.
Conociendo a este país y poniéndonos en lo peor, para cuando haya terminado la Eurocopa poco nos importará estar tutelados por Merkel si a cambio les hemos ganado el partido correspondiente.
En todo caso nos pillará el rescate despistados, sacando banderas de España a las calles mientras ponen la alemana en nuestros edificios oficiales (no, no es literal, es una representación gráfica…)
Rajoy, de tener que dar la cara por el rescate, lo hará entre declaraciones de los jugadores, en el descanso de algún partido esencial para el devenir de nuestra Selección y así las penas pasan mejor.
Alberto Sotillos