La reina del déficit, que ha logrado hacer subir el dato nacional y hundir un poco más nuestra credibilidad en el mundo, es muy de actos de puertas cerradas.
No por lograr que sea más elitista, sino porque evita que la ciudadanía exista, la hace desaparecer y así vuelve a ser inútil tenerla en cuenta. Está acostumbrada a que sus intervenciones oficiales sean prácticamente a puerta cerrada puesto que la Comunidad de Madrid, a pesar de tener dos canales de televisión autonómica, nunca encuentra hueco para emitir en uno de ellos los debates en el Pleno de la Asamblea de Madrid.
Son sesiones en las que apenas entran unos invitados selectos, dejando fuera al resto de la ciudadanía y logrando así que no fiscalicen su desastrosa labor política, que no se conozca a sus consejeros que aseguraron un déficit perfecto, al Presidente de la Asamblea que negaba la existencia del Metrobús (Abono de viajes en Metro y Autobús de Madrid) y, sobre todo, que no se oigan las voces de la oposición que semana tras semana dejan a Esperanza Aguirre en blanco.
Debería ser un debate que se emitiera con la máxima difusiónposible puesto que es allí dónde se toman las decisiones que afectan a los ciudadanos pero casualmente ocurre todo lo contrario. Por si fuera poco, las sesiones se alargan hasta la madrugada, invitando así a que ningún ciudadano tenga la osadía de querer verlo en directo.
Por eso no extrañan sus palabras a modo de cortina de humo, porque Esperanza Aguirre representa la política a puerta cerrada, de espaldas a la ciudadanía. Ha cerrado las comisiones de investigación siempre en falso, impidiendo que se hiciera la correcta labor fiscalizadora, manejó Caja Madrid y Bankia desde la sombra en una lucha contra Gallardón de la que en nada se beneficiaban los ciudadanos, tiene pendiente un caso de espionaje y las privatizaciones de hospitales que la Comunidad construye siempre caen en manos de grupos empresariales donde abundan los apellidos cercanos a su partido.
Esperanza Aguirre gobierna a puerta cerrada, normal que entienda también así el fútbol.
Alberto Sotillos