Entiendo que tengan que usarlo mucho estos días porque en breve se les acabará el argumento, pero a pesar de eso el PP debería controlar -por el bien de su credibilidad- tantos reproches a la herencia recibida.
Si ya ganaron las elecciones con culpar a Zapatero de todos los males resulta sorprendente que sigan todavía hoy culpándole de todo lo malo que pasa ahora en España.
Es asumir además que tenemos un Gobierno irresponsable, que no se siente al volante de la nación, que poco menos que les lleva irremediablemente hacia un precipicio y que ante eso nada pueden hacer. Evidentemente eso transmite de todo menos confianza. Si Rajoy no va a poder tomar el timón del país que avise con tiempo y deje paso a alguien que sí quiera coger las riendas para girar antes de caer o de lo contrario tendremos que contar de la forma más heróica posible como Mariano se quedó al frente del barco mientas este se hundía cual Titanic.
Probablemente le hagan una palícula en 3D, pero el resto preferiríamos ver la historia del capitán que vió el iceberg a tiempo y supo girar…
Para colmo Rajoy aseguró en el debate televisivo con Rubalcaba (sí, lo llaman debate aunque no lo es) que no le oiríamos quejarse de la herencia recibida, porque la conocía y se hacía cargo de ella. Hasta en eso ha mentido.
Puede seguir haciéndolo, nos puede seguir diciendo que la prima de riesgo sube por culpa de Zapatero o puede mandar a Soraya a decir a los socialistas que no deberían salir a la calle por cómo dejaron el país. Puede hacer eso o puede proponer alguna solución que no pase por vender el país entero, asfixiar a los pensionistas, eliminar la Ley de Dependencia, destrozar la Educación o controlar RTVE…
Lo que pasa es que Rajoy no parece muy de hacer, así, en general. Es más de esperar a que las cosas pasen solas, como cuando estaba en la oposición. Lástima que ahora lo sufrimos todos los españoles y no sólo el PP…
Cada vez que alguien del PP menciona las “líneas rojas” que jamás va a cruzar pueden pasar dos cosas; que las cruce directamente o que las cruce sutilmente.
Todavía recodamos bien cuando se ponía en duda a Tomás Gómez al asegurar que en la Agenda del Partido Popular estaba el copago. Lo recordamos bien porque no hace más de un año y porque muchos, además de él, intuían que ese sería el camino.
Mala fecha eligió el monarca para "caerse", mala fecha para matar elefantes. Aunque, en realidad y siendo honestos, no hay fecha buena para matar elefantes.
Por custumbre quienes huyen es porque algo ocultan, quienes no tienen la fuerza moral de enfrentarse a los medios de comunicación, a sus amigos, a un juez para aclarar aquello que les persigue.
Rajoy tiene la asombrosa capacidad de negarse a sí mismo con la misma facilidad con la que en el primer momento promete lo contrario.
Deberían aclararse primero los curas, obispos y demás religiosos sobre la existencia del infierno, dado que unas veces aseguran que es real y otras que es un espacio simbólico y con esa duda es imposible que no se acabe en el relativismo moral que tanto denuncian.
La actualidad tiene nombre propio y la desesperación también.
Un Gobierno que presume de bandera nacional, de llenarse la boca con España y de repetir la esencia de su patriotismo es el mismo que está permitiendo -y premiendo- a los evasores fiscales que más daño hacen precisamente a nuestro país.
Alberto Sotillos