Se las jugaban ayer los sindicatos y el Gobierno era plenamente consciente de ello, especialmente tras el revés electoral de Asturias y Andalucía. Tal vez por eso muchos denunciaban ayer que buena parte de las farolas de sus municipios estaban encendidas a plena luz del día, con la intención -aseguraban- de hacer aumentar el consumo eléctrico durante el día de huelga y así falsear uno de los datos más utilizados para medir el éxito.
En todo caso, con farolas o sin farolas ayer quedó demostrado el peso real que todavía mantienen hoy los sindicatos – a pesar de los errores propios y las campañas de linchamiento de muchos medios de comunicación-. Buena prueba de ello es el énfasis con que esos medios de comunicación abrían hoy sus titulares, exagerando el evidente deseo de que la jornada de ayer hubiera sido el fracaso sindical con el que soñaban.
Algunos incluso no han dudado en fotografiar a dos sindicalistas separados de cualquier grupo para tratar de demostrar que tampoco acudió nadie a las manifestaciones convocadas. Todo esfuerzo parece poco para tapar la imagen real, la de las calles tomadas por ciudadanos defendiendo sus derechos -muchos de ellos más allá de la labor sindical- y la de un país que sí hizo huelga general, aunque efectivamente sin llegar a un 100% de seguimiento.
Con una situación económica tan complicada sin duda el termómetro más real iba a ser la manifestación de Madrid, donde las presiones empresariales no podrían suavizar el número de huelguistas y el resultado fue sin lugar a dudas lo suficientemente masivo como para que a pesar de todas las campañas de linchamiento, los sindicatos y los trabajadores puedan hoy ser fuertes en sus negociaciones.
Ante la firmeza del Gobierno por no cambiar una coma del texto de la Reforma -como mucho negociarán el color de las tapas y la tipología de la letra- los sindicatos aseguraron ayer que las movilizaciones lejos de terminar seguirían convocándose. Que pudieran hacer ayer esta afirmación es una demostración suficiente del éxito de la convocatoria.
La confrontación durará lo que tarde Rajoy y su Gobierno en darse cuenta de esta realidad, para lo que necesitará leer más allá de los titulares que estaban en rotativas antes incluso de que empezara la huelga.
Tener a Ana Botella de número dos en una lista electoral debería haber sido dato suficiente para que muchos ciudadanos comprendieran que la postura moderada de Gallardón era un esfuerzo teatral y no una actitud ante la política, pero muchos creyeron que el actual Ministro de Justicia representaba el ala más “roja” del Partido Popular.
Puede que haya gente que no haga Huelga el 29 -tal vez el resultado electoral cambie esta inercia- pero sin duda muchos parecen haber aprovechado la oportunidad única de poder decir no, alto y claro, a los recortes del Partido Popular, encarnados en una Reforma Laboral que colecciona manifestaciones y que logrará una de las Huelgas Generales más rápidamente convocadas a un gobierno.
Asturias y Andalucía van a marcar el nuevo tiempo político este domingo.
Ahora que se acerca la Huelga General se acuerdan muchos de los liberados. Concretamente se acuerdan de los liberados sindicales.
Hay que reconocer que tiene cierto punto dramático que la única posibilidad de cambio en Andalucía sea un Partido Popular con un Arenas encabezándolo desde las primeras elecciones. Un Arenas enfangado con Gürtel y que ahora se tiene que presentar como el adalid frente a la presunta corrupción de los ERES.
Así lo han llamado hoy en Twitter cuando he hablado del copago y tienen razón.
Es tan obvio que hasta nos hacen el gesto, tal cual, cuando vamos a Europa.
Maldito ejemplo damos a veces los españoles cuando superamos el límite de lo tolerable y anteponemos la consecución del fin sin importar lo más mínimo los medios.
O lo que es lo mismo, una realidad paralela, posible, pero nada relacionada con la realidad en la que vivimos los españoles y especialmente las españolas.
Alberto Sotillos