Ya hay decisión judicial y es clara; gritar a favor de la libertad del pueblo saharaui no es delito.
Willy Toledo se enfrentaba a un juicio por hacerlo, por acudir al Congreso de los Diputados el día en que se debatía sobre la situación del Sáhara y exigir a los diputados una solución para los miles de saharauis que malviven desplazados por la fuerza de sus tierras, pero el juez ha retirado todos los cargos y ha sobreseído el caso. Lo contrario hubiera sido sorprendente.
Sería extraño que un estado democrático como el nuestro entendiera como delito la libertad de expresión y, sobre todo, haber tratado de remover conciencias para mejorar la vida de quienes sufren. Aunque también es cierto que asistimos impávidos a una Reforma Constitucional sin explicaciones ni posibilidad de participar, por lo que todo es posible ya… (Permítanme, además, lamentar un gesto simbólico. Tanto Zapatero como Rubalcaba han dedicado un día entero a explicar a los altos cargos del partido y a sus diputados la necesidad de la Refoma pero no han considerado conveniente dedicar un minuto a explicárselo a la ciudadanía más allá de asegurar que sólo así se calmarían los mercados lo cual, todo sea dicho, no es nada tranquilizante si eres un ciudadano y no un “mercado”)
Willy Toledo, tal y como dice el juez, tampoco interrumpió la sesión parlamentaria y atendió a la orden de expulsión del Presidente de la Cámara. Eso sí, logró poner el foco informativo en una realidad que por mucho que neguemos nos toca de cerca y que permanece oculta bajo los desconocidos intereses económicos con Marruecos. Por tanto es de suponer que la denuncia a Willy Toledo se hacía por lo molesto que había resultado su acción para determinados parlamentarios y no por haber impedido realmente su trabajo.
Y hoy nos permite volver a hablar de esta situación que a muchos nos remueve la conciencia pero que sigue sin entrar en la agenda política ni llegar a los debates públicos no minoritarios. Es difícil de entender que esto sea así pues basta con visitar los campamentos de refugiados -o con leer sobre ellos- para saber que si no queremos reconocer nuestra parte de responsabilidad en el problema sí tenemos la posibilidad de ser claves en la solución. Sólo la cobardía -y algo de dinero…- nos separa de hacer lo justo.
Lástima que vistas nuestras actuales prioridades de gobierno uno se pueda imaginar en qué lugar de interés político está ahora mismo el problema saharaui, incluso para un partido tan comprometido -al menos lo están sus bases- como es el PSOE.
Si estamos liados con eso de cambiar nuestra Constitución para calmar a unos mercados anónimos ponerse a pedir Justicia Social para quienes conocemos por su nombre y apellidos es algo que queda demasiado lejano. Las prioridades de los gobernantes están meridianamente claras y cada día, radicalmente opuestas a las de los ciudadanos.
¿Complicado asunto, verdad?
Se alargará el debate sobre el impuesto a los ricos unos días más porque la izquierda cree tener en esa propuesta su última y mejor bala contra el PP, a pesar de que estos últimos han pedido el mismo esfuerzo de los franceses a los españoles acaudalados, que no acaudalados españoles.
Es cierto que lo importante de las medidas contra la crisis es el momento de tomarlas y no la medida en si misma, tanto como saber que -injustamente- a esa conclusión no va a llegar nadie salvo Zapatero.
Estamos en la resaca de la visita del Papa a Madrid. Algunos nos sacan cuentas de los grandes beneficios obtenidos sin presentar prueba alguna, mientras hacemos recopilación de las facturas que sí hemos tenido que pagar por su viaje religioso privado.
El silencio de Rajoy supone dos grandes problemas para el PP. El primero es evidente pues la fama de vago llega a límites insospechados y el segundo es que al no hablar él lo tienen que hacer otros como Arenas o Pons.


Érase una vez un madrileño que, descontento por la crisis económica mundial, decidió castigar el 22 de Mayo a los socialistas de su Comunidad dejando de votarles o directamente votando a Esperanza Aguirre. Ese madrileño quería castigar a Zapatero, al PSOE y al mundo por todas las injusticias que estaba sufriendo. Muy probablemente en paro, con una hipoteca que pagar y una amenzaza de desahucio entendió que lo mejor era utilizar unas elecciones locales para mostrar su enfado por la política internacional.
Alberto Sotillos