Anda la caverna revolucionada. Mayor Oreja no, porque siempre argumentará que se trata de una estrategia pactada de ETA con Zapatero para que el Estado se rinda ante los terroristas.
Los que están fuera del pragmatismo paranoico de Oreja si sienten cierta inquietud con la decisión de Bildu de acudir a los homenajes que se realicen para las victimas de la banda terrorista ETA. Inquietud porque argumentan cada día para afirmar que ETA y Bildu es la misma entidad, porque aseguran que la única función de este partido político es fortalecer a ETA y porque ven imposible que exista una izquierda independentista pacífica en el País Vasco y esta nueva realidad rompe todos sus esquemas de oposición al cuello del Gobierno.
La clave es ese tercer punto que acabamos de mencionar, ya que el conflicto radica en estos últimos años en la incapacidad por parte de cierto sector de la sociedad para asumir que hay una demanda independentista real y que tras repetirles durante años que la vía para hacerlo era la democrática -pacífica y política- ahora lo están haciendo. Es decir, hacen aquello que se les pidió que hicieran si querían que sus demandas pudieran ser tendias en cuenta alguna vez.
Habrá quienes nieguen la evidencia, como aseguraban otros que el Titanic era insumergible. Tratarán de utilizar las leyes pellizcándolas al máximo para evitar una realidad que sólo puede ser rebaita en el ámbito de lo ideológico y lo político. Porque ahora que Bildu muestra un interés por hacer las cosas desde la legitimidad democrática, no podemos ponerles en frente un Estado que fuerze la maquinaria contra ellos en exceso -más allá de las prevenciones de seguridad- porque significaría alentar al núcleo violento del independentismo que por lo que parece está en sus peores horas.
Las víctimas de ETA, merecedoras del máximo recuerdo en nuestra sociedad, seguro agradecerán que toda discusión futura pase por las palabras y no por las armas. Víctimas de toda ideología que ojalá tuvieran la oportunidad de debatir de nuevo en una mesa la forma de conviencia ciudadana. Para eso hace falta pasar por este momento, ver que colectivamente se reniega del sufrimiento causado y se comparte el homenaje.
Parece, al menos por este gesto, que Bildu entiende la necesidad de cubrir estos pasos hasta lograr llegar a un punto en el que el debate político sea un enfrentamiento dialéctico e ideológico. Ojalá siga esta tendencia en la que muchos confiamos sin dejar de criticar por ello los errores y delitos cometidos (para eso están los Cuerpos de Seguridad del Estado) y así podamos llegar a ese fondo de debate sin el miedo actual.
ETA acabará definitivamente cuando el independentismo o cualquier tema similar sean debate ciudadano en el bar, cuando los políticos tengan la tranquilidad de convencerse unos a otros sobre la idoneidad o no de tales decisiones.
Otra cosa es que a algunos lo que les inquiete en realidad sea ver que por la vía democrática se están logrando más cosas en menos tiempo… y es que, para algunos, la existencia de ETA significaba poder evitar por siempre el debate sobre el independentismo… y tantos otros.
Por el título alguno podrá pensar que estas líneas van dirigidas a Mayor Oreja, por afirmar basicamente que “Zapatero condena los atentados de Noruega pero da alas a ETA”, pero no podemos dedicar espacio a obsesiones tan recurrentes. Si dedicáramos un artículo a Mayor Oreja cada vez que asegura ver una conexión entre ETA y el PSOE no podríamos hablar de otra cosa.
Creer que a estas alturas de siglo XXI la gente no muere por defender sus ideales significa no saber que el mundo es algo más que Europa y Estados Unidos. A diario muere alguien en algún rincón del mundo por algo tan esencial como pensar en un mundo mejor, por exigir Igualdad, por hacer de la Libertad un resultado de lo anterior y no verlo es obivar una injusticia global.
Estar a metros del banquillo de los acusados por cochecho, pensar en declararte culpable para evitar el proceso y dimitir al cabo de unas horas haciéndolo pasar por un acto de sacrificio por España puede ser considerado en sí mismo como un motivo más que suficiente para redimitir, en el caso de que fuera posible.
Sólo con que a Camps -o a cualquier político- se le pase por la cabeza la idea de pagar la multa y aceptar la acusación de cohecho con tal de poder seguir en el poder debería abrir el debate sobre la necesidad de plantear la dimisión forzosa.
Una vez en fase terminal la SGAE, con sus cuentas inspeccionadas, sus directivos encausados y dimitidos y una sensación de necesaria renovación, el testigo de la institución con peor fama de España pasa de nuevo a manos de los controladores aéreos.
Camps lo ha logrado. Además de tener y retener el sillón de la presidencia del PP en Valencia y el sillón del Presidente de la Comunidad Valenciana, ahora tiene un sitio reservado en el banquillo de los acusados.
Menos de un par de meses ha tardado la izquierda de este país en reinventarse, renovarse -incluso con trajes conocidos- y volver a ser competitiva.
Tropezar una vez es lógico. Tropezar dos veces nos hace humanos. Cuando el tropiezo se hace habitual hay que pensar más en una intencionalidad que en una casualidad, pensar en que a lo mejor lo que se quiere es lesionar el pie para tener una baja médica.
Alberto Sotillos