Y sería lógico empezar hablando del Rey, de la Casa Real, de la Monarquía. Tendría sentido porque desde hace años la prensa tiene cierta incapacidad para informar sobre las actividades de Su Majestad en base a un respeto informativo que en más de una ocasión ha sido en realidad una cobertura informativa pero apleando al significado literal de la misma.
Apenas llegan como chistes las críticas reales -en minúscula- sobre las pasiones cinegéticas del monarca en tierras gélidas y el resto de circunstancias “interesantes” por las que Don Juan Carlos ha ido pasando. Esa costumbre de respaldo informativo deriva en una perspectiva hacia la prensa irreal por parte del monarca que, lógicamente, se ve incapaz de atender a quienes ahora (tras tantos años) tienen la curiosidad de preguntar por su salud y chismorrear lo que sea necesario. Y es que en la Prensa Rosa parece imperar más la Democracia que en muchos sitios dado que existe una capacidad innata para tratar a todos por igual -de mal-. Llámenlo igualdad por abajo si quieren, pero no pueden negar que es igualdad.
Tal es así que aquello que no se podía decir, ni decir que se decía, ha pasado a ser público (por mucho que ahora de nuevo, y por unos días vuelva la “cobertura” informativa) con la sentencia más transcendental de la historia; “me ponen un pino en la tripa”. Perdonen la comparación, pero de no ser el Rey las televisiones se habrían llenado de actuaciones con aquel concursante de Gran Hermano tan dolido con quienes le “ponían la pierna encima”. Afortunadamente, y esta es la parte buena de esa “cobertura”, no llegamos a tales extremos.
Ahora bien, si quieremos hablar de aquello que no se puede decir, no podemos dejar de dar el primer premio a Ángela Merkel. Sus declaraciones contra España (ojo, no es algo nuevo) han destrozado la economía de nuestros productores de pepinos al hacerles responsables, sin prueba alguna, de una bacteria fatal. La imprudencia es tal que resulta inevitable dudar y desde luego imposible callar con unas escasa disculpas. Por declaraciones mucho menos dramáticas hay quienes tienen condenas mayores.
España debe ir más allá y obtener de Alemania las compensaciones necesarias para que sepamos que las disculpas son sinceras y para que quienes han visto tambalear su negocio tengan el respiro que merecen. Eso sí sería Europa, eso sí nos haría ver a los europeos que tiene algún sentido tener un Parlamento común.
Si sobra tiempo no estaría de más pedir disculpas a los oídos y ojos de todos los españoles, que durante más de una semana llevan escuchando cómo los pepinos abren los informativos y viendo a cargos públicos comer pepinos como si de otro caso “Palomares” se tratase. Y es que efectivamente el asunto es grave, lo suficiente como para que -repito- no quede en vano una acusación tan grave como la que desde Alemania se ha hecho a España.
No se puede decir sin pruebas que los pepinos que están matando a ciudadanos alemanos son españoles, porque la responsabilidad que cae sobre nosotros es intolerable, más allá de cualquier pérdida económica.
Así que como ven andamos últimamente con los parámetros cambiados sobre lo que se puede y no se puede decir. Si tienen dudas digan la verdad y callen las mentiras. Es una garantía de acierto.
Pocos días después de las elecciones ya tenemos a nuestros pricnipales partidos dedicados a hacerse un estudio interno a fondo. Lo del PSOE es comprensible, casi obligatorio, pero lo del PP empieza a ser una reivindicación enquistada contra Rajoy.
Se puede empeñar todo lo que quiera Zapatero en asegurar que lo más democrático es un proceso de primarias -y tendrá razón en esa afirmación- pero para que se produzcan hace falta algo más que eso; hacen falta al menos dos candidatos.
Uno lo empieza a tener claro poco a poco, especialmente tras hablar con conocidos que han votado al PP -se pueden imaginar que son muchos- y que también defienden las mismas tesis “antipolíticos” que vemos en Sol, en los bares y en cualquier rincón.
El PP ha ganado. El PP del PP ha ganado en Asturias.
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No conozco a nadie que no asuma una reivindicación como la que proponen con ese grito de “Democracia Real Ya” a excepción de quienes hoy, todavía, siguen añorando tiempos pasados.
Lo primero que le viene a uno a la cabeza cuando escucha a un tercero decir que hay que pasar de los “grandes” partidos -dejando de votar a PP, PSOE, CIU- es que precisamente el Partido Popular aplaude con las orejas la iniciativa. Creo que todavía no se conoce el caso de ningún votante de derechas que opte por la abstención por mucho que la opción que le ofrece el PP sea, por ejemplo, Mariano Rajoy.
Así como la campaña de Obama será recordada por décadas y se siguen vendiendo libros a su costa, el trabajo del PP de Getafe como mucho llenará un par de líneas en la zona de ejemplos de lo que no se debe hacer nunca.
Francisco Camps es todo sensibilidad… para vestir. La elegancia con la que sus hombros soportan sus trajes es tal que no le queda para nada más lo cual, en periodo electoral, supone un gran handicap dado que el 90% del tiempo lo pasará hablando y dado que es del PP de ese 90% el 100% será para hablar de sus rivales.
Alberto Sotillos