Ahora que muchos aseguran que estamos más cerca de la Edad Media que nunca, alegando que en menos de 15 días estamos celebrando mundialmente una boda real y una santificación, es fácil encontrar -más- razones para pensar que puede haber algo de razón en ese planteamiento a priori tan tremendista.
Por obtuso que parezca, en 2011 todavía se rechaza la celebración de debates electorales entre candidatos. Para ser más exactos habría que decir que algunos candidatos rechazan debatir con los otros candidatos lo que significa la imposibilidad de debatir.
Así que ahora les tenemos en Twitter, Facebook y cualquier Red Social conocida para poder hablar con ellos (o su equipo…) pero son incapaces de hablar entre ellos. Mal ejemplo el que están dando aquellos que se oponen a la celebración de estos debates si eso significa que pasadas las elecciones tampoco debatirán con la oposición. En España se nos sigue olvidando que la oposición es también Gobierno y no una máquina para poner palos en las ruedas.
Especialmente grave es esta situación cuando los que se oponen frontalmente a los debates son los candidatos del PP en sus respectivos gobiernos municipales y regionales mientras sus compañeros del resto de municipios en los que ejercen de oposición los piden a diario. Como siempre, la incoherencia como esencia de la acción del Partido Popular.
Sorprende por tanto ese rechazo a la participación por parte de estos dirigentes y sorprende especialmente en algunos casos como el de Esperanza Aguirre, tan dada siempre a ser la nota discordante con tal de conseguir un titular. Algo debe estar cambiando cuando ni ella está dispuesta a someterse a un debate con sus rivales y eso que con los datos del paro tendría tema para rato.
Los perjudicados por esta cerrazón son los de siempre, somos los ciudadanos. Nuevamente forzados a imaginar el debate en vez de poder presenciarlo y a votar sin haber podido contrastar en una difícil prueba si votamos lo mejor.
Y además, queda en el aire la gran pregunta de saber el motivo por el cual el Partido Popular está rechazando todas las peticiones de debates públicos cuando debería estar encantado de poder echar en cara todos los datos económicos que tanto usan a diario en sus ruedas de prensa. ¿Miedo a que en esos debates se pueda llegar a hablar de otra cosa?
A mi no se me ocurre otro motivo, tal vez a ustedes…
Ana Pastor puede presumir de ser últimamente una de las periodistas más relevantes -posiblemente la que más- de todo el espectro televisivo español. Su entrevista a Ahmadineyad la situó a nivel mundial y las Redes Sociales se volcaron para que el enlace de la misma recorriera cada rincón de mundo.
Si las cosas salen como se desea no se debe cambiar nada, aunque ese inmovilismo pueda suponer una derrota en medio plazo. La clave del éxito, dicen otros, se basa en la repetición hasta lograr la excelencia. Como ven hay consuelo para todo y consejos para lo que se quiera aconsejar -como en todo-.
No podemos vivir sin opinar de aquello que no está contrastado, como tampoco somos capaces de no sutentar nuestras frases en la nada. Por eso, para salvar ese espacio intermedio entre la certeza y la imaginación el ser humano creó los rumores y desde entonces hasta se vienen sucediendo estudios sociológicos sobre los mismos. De hecho está perfectamente calculada la velocidad de propagación y los canales más efectivos y su utilización en comunicación política sigue siendo tan esencial hoy como en Roma.
Ahora que los católicos sacan en procesión a sus santos y vírgenes el PP no quiere ser menos y parece haber sacado a Rajoy en hombros para que ofrezca milagros a sus fieles.
La reacción -le viene al pelo- de la derecha por la posibilidad de celebrar una Procesión Laica denota nerviosismo, intranquilidad frente al cambio y la evolución social.

Puede parecer asombroso, pero hay gente universitaria, premios Nóbel, Pulitzer y hasta Príncipes de Asturias que se declaran de izquierdas. De ellos algunos incluso votan al PSOE.
Conocido como el retiro dorado -con la evidente intención de menospreciar a Europa- el puesto de europarlamentraio tiene más connotaciones que definiciones. Podríamos hablar horas con burlas y sornas como hacemos con los funcionarios pero seríamos incapaces de detallar sus funciones o describir cómo es un día en la vida de un eurodiputado.
Alberto Sotillos