No se trata tanto de entrar a valorar la propuesta de los 110kh/h, como de las reacciones que ha provocado pues son, en definitiva, la mejor opinión sobre la misma de forma general. Reservo mi opinión, expongo la reacción social apreciada y lo primero que encuentro es el cachondeo que provoca en las Redes Sociales.
Twitter tardó menos de una hora en crear sus ya famosos “facts” para ridiculizar la medida, en Facebook uno de los grupos que más triunfa asegura que “Yo a tu edad conducía a 120, fumaba en los bares y me bajaba pelis” y así a lo largo y ancho de internet.
Las voces técnicas han defendido la medida, espcialmente cuando comprueban que los resultados son positivos en países como Estados Unidos o el norte de Europa pero la gente no tiene la más mínima intención de de llegar a ese extremo de análisis. Tampoco valoran la situación real de demanda de petróleo y la urgente necesidad de rebajar nuestro consumo.
Las páginas en Facebook no proponen alternativas, pocos hablan de pedir al Gobierno un paso valiente para que invierta el resto en renovables y por una vez seamos parte del futuro y las bromas siguen llenado el espacio público. Poco esfuerzo se puede hacer en comunicación a corto plazo, poco puede hacr el Gobierno para que los españoles sepan que en ese mismo paquete de medidas se incluía la inversión en mejora de carreteras secundarias o que se apostaba por rebajar en un 5% el coste del billete de cercanías. Ante el chiste no hay comunicación posible.
Y así navega últimamente el Gobierno, desde Sinde hasta los 110 -dejemos a un lado la prohibiciópn de fumar que está teniendo una acogida fabulosa por buena parte de la Sociedad- y teniéndose que enfrentar ahora además con experto como Fernando Alonso -Salvando las distancias la Belén Esteban de los cohes para miles de aficionados-. Él, que conduce a 300km/h, que asegura en anuncios publicitarios que desde pequeño veía que el mundo iba lento por lo que necesitaba desahogarse corriendo en los karts y que es la cara visible de uno de los deportes más contaminantes y con mayor gasto de combustible por segundo, nos dice que es un peligro ir a 110km/h porque a esa velocidad los conductores se duermen.
Como digo no entraré a valorar la medida, pero no puedo evitar recordarle a nuestro enorme campeón que 120km/h era el máximo, no la velocidad de conducción. Puede que en un circuíto cerrado con un Ferrari entre las manos ir a 110km/h sea aburrido, pero eso no puede ser motivo para hacer comparaciones con nula capacidad de extrapolación que no tienen más sentido que la confusión.
Porque a 110km/h se ahorra más combustible que a 120km/h y se producen menos accidentes. Es una realidad indiscutible. Otra cosa es que creamos que se trata de la mejor medida para lograr el objetivo del ahorro energético. Ahí debería empezar el debate y es ahí donde yo defendería otras posibilidades, pero sin la necesidad de negar lo obvio y sin olvidar que el chiste no es una opción política.
Los periódicos ya tienen preparadas todas las frases que uno a uno los dirigentes del PP ofrecieron en defensa de Camps. Están contadas todas las manos que se llevan puestas en el fuego por él (si no recuerdo mal el propio Rajoy puso las dos de las que dispone) y la noticia prácticamente escrita a falta de fechas y titular final.
La frase es un buen resumen de lo que hubiera supuesto el triunfo de Golpe de Estado para España. Por si había alguna duda ese “se sienten, coño” lo clarificaba del todo.
Mal momento este para los dictadores, con la mecha de las revueltas populares prendida por medio mundo.
Pilar Rubio tiene fuerza -aunque probablemente tuviera bastante más en una cadena con menos audiencia como La Sexta- pero no es Belén Esteban. Sus encantos y los de un programa que hasta ahora aseguraba unas cuotas de audiencia dignas para Tele5 como es Operación Triunfo (OT, para temas legales) no han sido suficientes para una cadena con un público acostumbrado a una figura omnipresente.
Es absolutamente cierto que Intereconomía es un producto de la Sexta. Y si no lo es, lo parece tanto que para el caso es lo mismo.
Hay que reconocer que todavía no es noticia – ni tan siquiera tema de especial interés- las cuestiones medioambientales. Pocos ciudadanos votan en función de las políticas de reducción de la contaminación o la defensa de los espacios naturales salvo honrosas excepciones.
Ocurre poco, pero esta vez es normal encontrar un poco de razón a lo que dice Rajoy aunque las intenciones sean bien distintas.
Alberto Sotillos