Casi a oscuras y olvidando todas las ofertas sexuales de esta campaña catalana los ciudadanos parecen haber virado de aquello que algunos decían de hablar catalán en la intimidad a hablar el idioma de la derecha en esa misma intimidad.
La elección ha sido contundente, sube la derecha y baja la izquierda. Coincide, eso sí, con que bajan los que gobernaban y suben los de la oposición, que es lo que está pasando en medio mundo con la crisis, pero sin duda es una explicación que se queda corta.
Podemos añadirle otra excusa, decir que se vota a favor de la estabilidad a través de la claridad parlamentaria y así justificar los resultados sin entrar en lo ideológico, pero ampliaríamos poco respecto al punto anterior.
Con esos elementos, por ejemplo, no podríamos explicar la subida del PP. Necesitamos entrar en ideología, valorar el discurso sobre inmigración que ha ofrecido dicho partido y que han comprado los ciudadanos. ¿Ha ofrecido la izquierda una respuesta a esas propuestas? ¿Ha logrado la izquierda catalana estando en el gobierno aportar un valor extra a sus ciudadanos?
Si nos fijamos en los resultados parece que hay una respuesta clara, que ya empieza a explicar mejor el resultado.
La izquierda debe replantearse en muchos lugares su discurso, debe ofrecer una alternativa real al modelo económico y social imperante que nos ha llevado a esta situación y que además estamos avalando con nuestros votos. Si la izquierda pretende ser portavoz de un modelo que no le es propio, es lógico que la ciudadanía se quede con el original.
Para recuperar espacios es absolutamente necesario ofrecer una alternativa. No una alternativa dentro del modelo, es necesaria una alternativa al modelo que permita a los españoles volver a valorar una izquierda capaz de diferenciarse, de ofrecer un proyecto reconocible y que pueda competir en igualdad de condiciones con el modelo de la crisis.





Seguimos asombrados, algunos, por ese nivel de descaro moral que parece haberse adueñado de la derecha en España. Lo analizamos hace tiempo, creyendo -ilusos nosotros- que Sánchez Dragó había llegado a un límite difícil de superar y suponiendo que alzar las voces contra determinadas barbaridades tendría, al menos, el efecto de controlar esos excesos verbales que tanto abundan.
Es una obviedad decir que ante unas elecciones en Cataluña se habla más del posible resultado del Barça-Madrid que del esperado en dichas elecciones, que decidirán el futuro de los catalanes los próximos cuatro años. Es una obviedad, pero no por ello debería dejar de asombrarnos.
Es innegable que la imagen es mucho más agradable, placentera llegado el caso, pero su ubicación en algunas portadas descoloca los parámetros que uno tiene sobre la actualidad.
Algún que otro comentarista de este blog dirá que este artículo era predecible. Dirá que hubiera apostado dinero y habría ganado. Afortunadamente así es, este espacio hoy merece ser entregado a la reivindicación del pueblo saharaui y saber que ante las atrocidades que están viviendo se espera de uno una reacción es en realidad un halago.
Una tormenta de religiosidad ha invadido a nuestro Estado aconfesional tendente en demasiados momentos hacia el seguidismo pasional en el que demasiados no se han visto reconocidos.
Alberto Sotillos