Pérez Reverte lo ha intentado, aprovechando el trión mediático del alcalde de Valladolid -tal vez para recibir también un sms de apoyo de Rajoy- pero no lo ha logrado, por mucho que fuera a través de Twitter, esa herramienta que empieza a ser noticia en sí misma según pasan los días. Hay motivos para que sea así, hay para qienes es una Rueda de Prensa constante.
Pero atacar a Moratinos por llorar a estas alturas de machismo que vivimos ya se queda corto y claro, cualquiera te adelanta y te supera. Ahora, para tener esa fama de la bestialidad, para cultivar el aplauso de la radicalidad social hay que subir de nivel, perdiendo el control y así poder presumir de haberse acostado con menores, de unos 13 años.
Ante eso, las ofensas a Moratinos son chuiquilladas, aunque deben ser igualmente juzgadas. Sánchez Dragó ha sido el campeón de la jornada, el bestia entre los bestias. Presumir de tener relaciones sexuales con menores de edad le lleva uno a ser líder indiscutible de la vergüenza pública y de la repugna visceral.
Ahora lo maquilla apelando a la literaturización del pasaje novelesco, de las memorias para olvidar. Pero algo así, ni en pintura.
No es grave acostarse con menores, es delito. No es grave presumir de haberlo hecho -cierto o no-, es humillante. Que dicho personaje tenga un contrato público (en Telemadrid) para hacer programas no es un error a subsanar, es motivo de cese fulminante y de algo más que explicaciones por parte de los responsables de la cadena.
En el mejor de los casos -si queremos ponernos a buscar el único elemento positivo de todo esto- este es el último episodio de machismo violento que estamos viviendo esta semana. Sinceramente parece difícil de superar.

Alberto Sotillos