El debate sucesorio de Zapatero -esta misma semana le dedicábamos un artículo- está ocultando una realidad que por sutil parece que se nos escapa.
Si bien es cierto que sobre Zapatero existe un debate real ( él mismo ha dicho que es una decisión suya, lo que significa que no está tomada o al menos no comunicada) no sería justo dejar a un lado el cada vez mas repetido rumor sobre la vuelta a escena de José María Aznar.
Muchos dicen que nunca se fue y parecen tener razón. Mantiene un control constante del partido, se permite el lujo constante de sobrepasar a Rajoy en declaraciones y actuaciones políticas y tiene en sus manos la dirección ideológica del partido. Así, mientras Rajoy ha conseguido colocar a algunos de los suyos, como Cospedal o Soraya, el fondo del aparato se mantiene prácticamente intacto y los grandes varones que ante Mariano se crecen no muestran el mismo valor ante Aznar.
Con ese control del partido que mantiene y su insitencia por ser actualidad de la política española es lógico que haya cada vez más dudas sobre sus intenciones, ya sean públicas o no. Es más, si preguntamos a más de un dirigente popular sobre lo que "internamente" le gustaría hacer a Aznar no habría demasiadas discrepancias en las respuestas. Los mismo ocurre preguntando a cualquier ciudadano, todos saben que lo que le apetece de verdad a Aznar es volver a presentarse.
Parece, entonces, que lo único que le frena es el respeto hacia Rajoy, que fue su elección personal como sucesor y que su humillación significaría reconocer un error, si es que se puede ver así. Nadie sabe los planes que Aznar tenía en 2004 cuando decidió nombrarle…
Así, mientras debatimos sobre Zapatero, no nos olvidemos de los gestos del ex- presidente. No duda en hacer propuestas, por muy extremas y de derechas que parezcan, frente a un Rajoy del que el ciudadano de la calle todavía no sabe por qué votarle más allá del descontento con Zapatero.
La pregunta que flota ahora en el aire de Génova es ¿tendría Aznar un mejor resultado que Rajoy? Parece que a Mariano por ahora le salvan esos 12 puntos de distancia que muestran las encuestas, pero de bajar en este tiempo, es difícil saber la apuesta del Partido Popular.
¿Un golpe de efecto ante el cambio de Gobierno?


Parece que a incógnita se seguirá manteniendo durante bastante tiempo. Dirá que no debe robar protagonismo a las elecciones catalanas y luego no podrá robárselo a las municipales de media España. Eso nos deja que hasta Junio de 2011 es poco probable que España sepa si Zapatero volverá a presentarse.
No es cuestión de feminismo, tampoco es necesario ponerse “las gafas de género” para percibirlo. Ya ha traspasado el espacio de lo sutil y del estudio de caso.
No hay nada como Francia para las revoluciones. Será un tópico, pero las bordan y les definen tanto como a España las guerrillas.
Tiene razón Díaz Ferrán cuando considera que a la economía española le vendría bien aumentar su productividad. Eso le viene bien a la economía española y al resto de economías del mundo. En todo caso es cierto que nuestra productividad es relativamente baja, comparada con los países de nuestro entorno (norte) por lo que las palabras de Díaz Ferrán tienen cierto valor.
Se cruzan hoy dos noticias simbólicas. Los 33 mineros chilenos salen del refugio enterrado a más de 700 metros gracias al esfuerxo y trabajo de cientos de personas y por otro lado se habla de la Santificación de Juan Pablo II. Prácticamente en el mismo día.
Una de las mayores preocupaciones del Partido Popular en estos tiempos de crisis está siendo la de evitar que surja a su derecha un partido político nuevo. Esta tentación lleva años latiendo, pero es ahora, cuando estos partidos crecen en Europa cuando mayor es la preocupación en las filas populares, especialmente cuando su liderazgo a nivel nacional no es tan fuerte como se podría esperar.
Tengo que reconocer mi sonrisa al ver las imágenes en las que Sergio Ramos, respondiendo al periodista que solicitaba a Piqué una respuesta en catalán, le pregunta si preferiría una respuesta en andaluz cerrado, también difícil de entender.
Alberto Sotillos