Con el verano llega el calor, las vacaciones, la canción del verano y la huelga de controladores (queda la de pilotos…). Puntual como un reloj, molesta como de costumbre, encubierta como casi siempre.
Así, mientras España está en crisis y sufre unas tasas de paro del 20%, los controladores aéreos, con un sueldo abultado y seguro, consideran que deben mejorar más todavía sus condiciones laborales. No dudo que deban tener beneficos extra, dado que tienen en sus manos la seguridad de aviones, pero esa misma responsabilidad les debería recordar que faltar a su puesto de trabajo puede tener consecuencias nefastas, más allá de retrasos y cancelaciones molestas.
Y todo por el limbo legal con el que se encuentran, con su lógica facilidad para tener una baja por estrés. Difícil de regular por mucho que Fomento lo intente incluso sin negociar, apelando a la Justicia, cuando eso mismo se ha criticado en el caso del Metro de Madrid y eso que las circunstancias son bien distintas, pues estos últimos reconocían abiertamente su huelga.
Hay quienes piden una Ley mas detallada para regular las huelgas y los servicios mínimos. Lo pedía Tomás Gómez para evitar nuevos abusos por parte del Gobierno de la Comunidad de Madrid al imponer servicios mínimos y desde luego ayudaría a simplificar el tratamiento de las huelgas y promovería la negociación.
Pero los controladores necesitan algo más. Necesitan primero declararse en huelga, qué menos. Porque si bien es cierto que su huelga es de las menos comprendidas de todas, este sentimiento se agrava cuando ni siquiera tienen el valor de reconocerlo, impidiendo así servicios mínimos que portejan a los ciudadanos.
En todo caso, recomendaría a Fomento negociar antes que denunciar (los resultados serán siempre mayores) y a los controladores les recordaría la situación laboral de millones de personas en España, por si se les despierta la lógica solidaridad.
No olvidemos que la huegla es un derecho, esencial, para los trabajadores. Lástima que los controladores no tengan el valor de reconocerse ese mismo derecho.
Alberto Sotillos