Acaba de concluir el fin de semana soñado por Rajoy, con los suyos en silencio, los socialistas de plaza en plaza explicándose y las encuestas regalando una posible mayoría absouta.
No será eterno. En primer lugar porque es imposible que tanto Esperanza como Camps se mantengan dos fines de semana consecutivos sin ser portada, ya sea por tapar algún dato nuevo de Gürtel, por cubrir espionajes o por seguir moviendo algunas sillas. En segundo lugar porque esta semana ha sido la del esfuerzo del Gobierno por explicarse y esas explicaciones tendrán calado dentro de unos días, según va quedando claro que el PP no antepuso los intereses de España a los de su partido con tal de arañar votos. No hace falta que lo diga yo, lo viene diciendo todos estos días CIU, ni más ni menos. Para que luego se quejen algunos del nacionalismo rompe España…
El PSOE se enfrenta al momento más duro de su legislatura, tal y como están haciendo los Gobiernos de toda Europa. La mayoría tienen el apoyo de la oposición, aquí es si cabe más difícil, cuando una parte del hemiciclo no tiene interés por ayudar. En clave interna, CIU ha mandado un aviso, romperá la estabilidad de gobierno a Zapatero, así que España se jugará unas elecciones con la votación de los próximos presupuestos.
Queda el PNV, duro socio de Gobierno para el PSOE. Por ahora el único que puede mantener las elecciones en 2012. Entre medias una posible Huelga General que no tiene ni de cerca el apoyo de la mayoría de la sociedad, ni cuenta con el interés total de convocatoria por parte de los sindicatos, conscientes de ese sentimiento colectivo, aunque presionados para moverse, aunque sea un poco.
Saltarán con la Reforma Laboral, al menos algunos gritos en las calles. Seguro que deberán hacerlo. Los trabajadores necesitan a sus sindicatos, especialmente cuando se negocia el Mercado Laboral del mañana, así como el Gobierno tiene que escucharles.
Pero si lo sumamos todo, quedan dos años para las elecciones. Está claro que el momento dorado de Rajoy ha llegado demasiado pronto. Mientras el Gobierno tiene ese panorama aqui descrito por delante, al PP le queda, ni más ni menos, que resolver su dura papeleta en Valencia, con un Camps aferrado al sillón y el Gürtel generalizado, que cada vez se va pasando más a Madrid. Por no hablar de la candidatura de Rajoy, o la de Rato, o Pizarro.
Precioso Domingo para Rajoy, esperemos que lo haya disfrutado.

Hablar de patriotismo es injusto, básicamente porque resulta demasiado subjetivo, demasiado amplio. Uno difícilmente puede aucar a otro de antipariota por mostrar alternativas, sean del tipo y nivel que imaginamos porque no existe el juez que al final pueda medir o decidir qué postura es la más “española”.
Resulta sorprendente que con toda la moral que pregona el PP, a pesar de su rechazo a Educación para la Ciudadanía, no hayan aprendido una lección que desde pequeñitos se suele conocer; “cuando se grita y se insulta, se pierde la razón”
Rajoy se quedaba callado cuando el Follonero le pedía que terminara su frase sobre los intereses de los bancos. Un silencio eterno que dejó pasó a un “dejémoslo estar”. Esto es raro en el PP, tal vez sea Rajoy el único que tiene la capacidad de callarse, de ser políticamente correcto.
Estaba claro que con esto de el Euro volvían los ricos de antes, es decir, los millonarios. Millonarios de los que tienen más de un millón, cosa que con las pesetas ya lo era casi cualquiera en algún momento de su vida.

No creo que nadie del Gobierno esperase que la gente aplaudiera las medidas de recorte del déficit nada más ser anunciadas. Era evidente que los pensionistas, los funcionarios y las madres embarazas, así como miles de ciudadanos de países en desarrollo, empezarían a mirar a Zapatero con recelo y una comprensible indignación.
Hay una forma suave para decir que todos los españoles están equivocados, basta con decir que el CIS es una herramienta de los socialistas para falsear la realidad.
Me sigue sorprendiendo la gente que mide el valor de una economía por la rentabilidad de su bolsa, de los índices de referencia del Ibex y cosas semejantes. Son esos que cuando baja la Bolsa estrepitósamente anuncian ya la debalce de la economía de un país, los que no entienden que los mercados fluctúan ( y más cuando se manejan bienes no tangibles).
Alberto Sotillos