El Partido Popular parece conocer bien a su electorado fiel, o al menos tiene la creencia de conocerlo a la perfección. Por eso entiende que si logra impedir una sentencia sobre el caso Gürtel, aunque sea por un defecto de forma, habrá salvado la cara políticamente.
Ese esfuerzo está suponiendo un ataque feroz desde todos los grupos de presión del PP hacia Garzón, activando así a la prensa más reaccionaria y moviendo a jueces para que hagan la cobertura. Están haciendo de la sentencia del caso Gürtel su apuesta de futuro, invirtiendo todo su poder mediático en la destrucción de la misma. Un esfuerzo tan titánico que a los ciudadanos nos dice muchas cosas, entre ellas que es absolutamente falso que la corrupción no pase factura al Partido Popular.
Tienen claro que no es lo mismo un aluvión de portadas en su contra que una sentencia firme, con Hacienda entrando en la investigación y con los culpables bajo rejas. Lo define muy bien Tomás Gómez, el Secretario General de los socialistas madrileños, cuando dice que los ciudadanos, antes o después, castigan con sus votos la mala gestión y mucho más la corrupción, aunque a veces haya que esperar mucho tiempo y ver a la Justicia actuar, porque los ciudadanos saben qué políticos quieren y qué política quieren. Será por eso que los socialistas madrileños no han dudado en ningún momento ser acusación particular en el Gürtel madrileño, que tanto salpica a Esperanza Aguirre.
Y atendiendo a esas demoledoras palabras de Tomás Gómez, el Partido Popular parece tenerlo muy claro; tiene que frenar la investigación y evitar una sentencia cueste lo que cueste. Por eso ahora la labor de destrucción tiene como diana el Juez Garzón y las escuchas. Les resulta indiferente que hayan sido avaladas y que hayan sido tomadas en consideración para lo que llevamos de investigación, porque parecen creer que aunque las escuchas existan y las hayamos podido oír todos los ciudadanos, si un juez las anula, evitando así que siga el juicio por el Gürtel, no tendrán ningún castigo electoral.
Sin duda ese ataque a la justicia es denunciable, pero es más dramático aún saber que el PP considera que el coste político está condicionado por el coste judicial. Creer que los ciudadanos vamos a olvidar las pruebas que los incriminan por un defecto de forma es faltar al respeto y a la inteligencia de los españoles. El Partido Popular tiene que comprender que entre inocente y “no culpable” hay una tremenda diferencia, aunque en ambos casos salgan sin condena penal.
Por cierto, el otro día, en el debate monográfico sobre la crisis en la Asamblea de Madrid los tres diputados imputados por el caso Gürtel (teóricamente expulsados del PP) entraron en la sala justo a la hora de la votación y se pueden imaginar lo que votaron. Por lo visto hacen lo mismo todos los jueves, día del Pleno mientras siguen cobrando un sueldo de todos los ciudadanos.
Hoy hubiera merecido la pena dedicar estas líneas a que una mujer haya dicho que el Ministerio de Igualdad, le “Igual da” por contradictorio y ofensivo. Hubieran sido unas líneas bien empleadas, en defensa de todas las mujeres españolas que siguen cobrando mucho menos que los hombres por el mismo trabajo, que no pueden disfrutar de una baja de maternidad real o que sufren la violencia machista.

Está el PP últimamente demasiado suelto, demasiado visceral. Qué tiempos aquellos en los que Aznar se ponía la careta de hombre de estado (y de centro) o cuando Esperanza Aguirre portaba la cartera de Cultura (ni más ni menos).
Érase una vez una Ley de Amnistía que dejó las cosas como estaban, es decir, enterradas. Una ley que sin ganas de hacer justicia y una generosidad incomprensible de la izquierda democrática española, logró que la tierra, el lodo y las piedras fueran el juicio y el olvido de todos los asesinados durante la Guerra Civil y los años de franquismo.
Mientras que Álex de la Iglesia aprovechaba su discurso como Presidente de la Academia del Cine durante los premios Goya para hacer un llamamiento al esfuerzo, a la confianza, a la inversión en la industria del cine (de las pocas que ha logrado crecer en 2009) y al compromiso del "glamour" con el sudor del que trabaja de sol a sol, Rouco Varela utilizaba su alocución semanal para solicitar una conversión del corazón relativista para poder superar la crisis económica.
Es bueno dedicar de vez en cuando unas cuantas líneas a las noticias positivas. Esas que pasan rápido, que no generan debate porque todos las asumimos como buenas, condenándolas a no ser analizadas como se merecerían.
Ni tan alto ni tan bajo. Eso quiere decir que ni estábamos en la Champions League de la economía hace un año, ni al borde de la bancarrota hace dos días.
Al final no le ha venido del todo mal a Zapatero el desayuno religioso en Estados Unidos, a pesar de que muchos dudábamos de su idoneidad. Se ve que una foto con Obama es una foto con Obama, bendiga quien bendiga la unión.
Alberto Sotillos