Llegó la crisis y se pidieron dos cosas; un cambio de modelo productivo y, segundo, que los trabajadores no pagaran los costes de una crisis que no habían provocado.
Pues bien, los trabajadores no han tenido que cargar con las culpas de esta crisis, aunque si desgraciadamente con una de las consecuencias más nefastas de la misma, como es el Paro. Toda la inversión del Gobierno ha estado encaminada a superar esta injusticia, a través de apoyos sociales, ampliación de las prestaciones por desempleo, mantenimiento de la Ley de Dependencia (aunque algunas comunidades como Madrid se empeñen en no aplicarla, impidiendo por tanto la creación de unos 50,000 empleos directos) y con una gran inversión de gasto público a través de planes para el desarrollo, como el conocido Plan E, que además de reducir en Paro, ha mejorado el aspecto de nuestras ciudades, modernizándolas. Aunque no siempre, porque algunos ayuntamientos han decidido utilizar este dinero para levantar y tapar una misma calle ocho veces. Pero claro, eso ya depende de cada ayuntamiento, no del Gobierno. Se supone que los siguientes planes “E” controlarán más estas cosas.
Y a nivel global, se pedía un cambio en el modelo de crecimiento. España crecía y crecía tan rápido como los pisos de ladrillo, fomentando una especulación y corrupción de límites insospechados y generando un empleo manual masivo. Cada vez que una empresa cerraba, el número de trabajadores que perdían su empleo resultaba ser elevadísimo, porque en España sigue habiendo más manos que máquinas. Mientras que en Europa cuando cierra una empresa el número de empleos perdidos es infinitamente menor. Así que hemos crecido gracias a la “cantidad” de trabajadores, y no tanto por la “calidad” de estos trabajadores. Esto no significa que no sean buenos trabajadores, ni que hagan mal su trabajo, sino que estaban empleados, mayoritariamente, en empleos manuales para los que no es requerida una gran cualificación, aunque muchos la tuvieran.
Así que para aprovechar mejor el potencial de los españoles, y para evitar que el cierre de una sola empresa suponga despidos masivos, hace falta un cambio de modelo productivo apoyado, como nos decía ayer Zapatero, en aquellos sectores que han resistido con fortaleza a esta crisis, como es el sector de las telecomunicaciones. Sectores que ofrezcan una rentabilidad a todos los españoles gracias al aumento de nuestras exportaciones, parte elemental de esta “Economía Sostenible”.
Serán estos sectores los que logren que, tal y como pronostica el Gobierno, a partir de 2010 se empiece a generar empleo en España. Con la diferencia de que esta vez, por fin, serán empleos más estables, más rentables por hora de trabajo, más productivos y, sobre todo, que optimicen mejor el potencial educativo que tiene este país. Por eso es sostenible, porque las bases del crecimiento, esta vez, no serán de ladrillo, sino educativas. Un material mucho más sólido.
Así que el camino trazado parece el correcto, por lo que nos toca seguir a la locomotora para ver si mantiene el carril.
Así como en España no existieron comunistas durante 40 años, ni homosexuales, ni divorcios, ni abortos, en EEUU llevan algunos más sin socialistas fuera del armario.
En el día contra la violencia machista se “celebra” el 25 de Noviembre. Violencia de hombres que matan mujeres, que las asesinan, que las torturan y las humillan. Mujeres que son asesinadas y no mujeres que “han muerto”. Las mujeres no están muriendo sólas, se las está matando.
La noticia de estos días debería ser sin duda el LHC, o colisionador de hadrones, ya que ni más ni menos tiene la intención de descubrir la “partícula original“. Es como para no hablar de otra cosa, como para no dedicar ni una sola línea que no sea científica a ningún escrito.
Rouco Varela pide que la política no se meta en temas religiosos, mientras alimenta a su infantería entre una manifestación y otra. El Gobierno no tiene derecho a responder a la Iglesia, no puede ofrecer su punto de vista ni debería poder legislar lo que quisiera porque…. sí. No hay más razones, no puede hacerlo y punto, lo dice Rouco y se cumple, como acto de fe.
Ahora ya se puede hablar del Alakrana, cuando su tripulación está “navegando libremente”. Ahora duele menos que PP y PNV se lancen contra la yugular del Gobierno, porque hagan lo que hagan no afectará a la situación de los marineros ni sus familias.
Lo mejor que un puede hacer un político para lavar una imagen vinculada a una trama de corrupción que regalaba trajes y coches de lujo es subirse a un Ferrari descapotable y darse unas cuántas vueltas por un circuito con Fernando Alonso de pasajero, melena al viento. En ese momento, se produce una reconciliación con los ciudadanos, con los votantes, que sienten de nuevo cerca a su representante. Desde el Ferrari se encuentra con todos, se reconcilia y demuestra que los lujos no le hipnotizan, porque su interés real son sólo sus vecinos.
La probabilidad de que un empresario abuse de la nueva medida que Salgado ha anunciado hoy, tiende al infinito. Como idea es tan positiva, tan socialista, que necesita de un control absoluto si se pone en marcha.
Alberto Sotillos