No duerme tranquilo Rajoy estas noches. Su cara a cara, ganado por los puntos y en el tiempo extra del combate con Camps significa en el fondo debilidad. Primero porque la victoria, de existir realmente, no fue nada contundente y segundo porque el rival era, precisamente, su guardaespaldas.
Por eso, ante un Mariano Rajoy desprotegido, convaleciente de la lucha valenciana, el enemigo se crece y ataca. Y como bien decía Churchill, los enemigos están siempre dentro del propio partido, los otros son meros rivales.
Esperanza Aguirre alza su espada contra Rajoy, aprovechando su endeble liderazgo, y plantea un duelo final que lleva años preparándose.
Con Camps hundido, Rajoy sólo puede apoyarse en una infantería comandada por Gallardón que hasta la fecha siempre ha perdido sus batallas contra Aguirre. Atacan primero, para defenderse, con Cobo en el papel de adalid de la lucha contra el “aguirrismo”. Es un ataque directo, de oposición parlamentaria y política. “Aguirre no es liberal por mucho que lo diga cada 5 segundos, la prueba es el intervencionismo absoluto en Telemadrid o en la propia Caja Madrid”
La misma frase que la oposición lleva años gritando. Le añade lo del vómito, para que no haya dudas sobre el punto de mira del disparo.
Bajo la frase de que “se rompe España y la familia”, el PP se descompone. Hasta ahora en silencio, desde ayer, a gritos.
Mientras, la verdadera oposición, con Tomás Gómez a la cabeza del Partido Socialista de Madrid, se esfuerza por trasmitir un proyecto de cambio, de regeneración en Madrid. Hábilmente se niega a participar de la guerra fraticida en el PP y utiliza sus apariciones en los medios para explicar sus alternativas y sus propuestas para Madrid.
Cuando le preguntan por las peleas del Partido Popular, como hacían ayer en “Los Desayunos de TVE” , prefiere ofrecer las respuestas que su partido daría para los problemas de Madrid.
Así que con las peleas internas, brutales, en el PP, Aguirre puede perder algo más que una batalla contra Rajoy, porque la oposición en Madrid ha despertado y con fuerza.




El desfile de las Fuerzas Armadas es una laguna, un oasis de orgullo ciudadano entre las noticias diarias, constantes, que nos llevan precisamente al sentimiento contrario.



Alberto Sotillos