Era previsible un comunicado de la Casa Real que matizara, aunque no disculpara, las palabras de Sofía recogidas en el futuro Best Seller de Pilar Urbano.
Una disculpa supondría asumir las palabras, por lo que era y es poco probable. Por otra parte, mantenerse en silencio significaba aceptar lo expuesto por el libro. De esta forma ha ocurrido lo que tenía que ocurrir; hemos pasado a crear una “duda razonable” sobre la veracidad exacta de las palabras. Es lo mismo que ocurre con los juicios en Estados Unidos, que a pesar de ser culpable te puedes librar de la pena de muerte si se logra crear en el jurado dicha duda.
En este caso el jurado está siendo la sociedad española, y habrá que ver si cala esta propuesta a destiempo de “palabras transcritas de forma inexacta, extraídas de una conversación privada”. Logre o no este objetivo la Casa Real, debemos tener en cuenta que si lo publicado fuera una absoluta mentira, el desmentido hubiera sido rotundo y no es este el caso.
Además, se ha producido un daño difícilmente reparable en la sociedad española. El debate en la calle ya no está siendo sobre la conveniencia o no de las palabras de la Reina, sino sobre lo acertado o no de su planteamiento. De esta forma vemos posicionamientos claros. Unos apoyan que Sofía diga lo que ha dicho porque están de acuerdo con lo dicho, mientras otros odian a la Reina por pronunciar esas frases. En cualquier caso, está quedándo al márgen el verdadero problema sobre lo inoportuno que resulta que nuestra monarquía haga referencias políticas tan explíticas.
Por eso, la división ya está en la calle. El gran error de Sofía es haber metido a la monarquía dentro de aquella horrible crispación que mantuvo a los españoles completamente divididos y que ahora está en estado de latencia, pero que resurge fácilmente con mechas como esta. Ahora, más que nunca, la monarquía es un arma arrojadiza en el debate político. No queda nada de aquella institución que durante largos años había logrado ser parte del Estado, pero no de la política.
A veces, y que se lo digan a Chávez, es mejor estar callado.
Ahora los del PP son menos. Eso de sumar los votos de UPN para llegar siempre a la cifra mítica de los 10 millones de votantes, o los 9, o lo que conveniese ha desaparecido. De esta forma, el PP tiene dos diputados menos en el Congreso, y eso que no ha pasado ni un año de las elecciones. A este ritmo el PSOE logra mayoría absoluta…
Pero no se asusten que no tiene nada que ver con la crisis, más bien con intereses racistas. Intereses como los de Berlusconi, que como antaño pasaba en Marbella, los mendigos simplemente desaparecen. Expulsados de sus tierras para no tener que solucionar el problema.
Hay momentos en los que no se puede hacer un análisis benévolo de la realidad. Momentos como el de hoy, cuando las tasas de paro de sitúan en valores de hace muchos años.
Cuando España era una potencia emergente nadie se acordaba de las potencias emergentes. Ahora que somos una potencia asentada, nos dicen que
Obama es el único “banco” que no tiene problemas de liquidez. Tampoco parece estar sufriendo la crisis y mucho menos su campaña, que no para de batir récords de recaudación. La última cifra es de unos astronómicos
El único sitio donde se puede tomar el pulso a la sociedad es un campo de fútbol. Al menos eso es lo que parece cuando lo que ocurre dentro de un estadio, en el que como máximo puede haber unas 80,000 personas (en el mejor de los casos) se toma como muestra inequívoca de cómo es la sociedad que rodea a dicho estadio.
Y si además están desnudas, o semidesnudas el pecado es prácticamente capital. El cuerpo de una mujer en ropa interior es lo suficientemente blasfemo como para que sea necesario retirar toda una campaña publicitaria de una Comunidad, aunque se trate del auncio de una película.
Fíjense si las cosas van bien en la economía española (dentro de lo que cabe, que para eso estamos en crisis) que 
No pudo elegir el Partido Popular un lema más desacertado para la última campaña electoral que aquello de las ideas claras. Si pretendían ofrecerse como alternativa a un Zapatero que acusan de dubitativo cuando decide retractarse en función de cómo se presentan las cosas, no puede ser que Rajoy cambie de opinión cada día de la semana.
Alberto Sotillos