Una mujer aparece en televisión absolutamente aterrada, asegurando que su hijo piensa matarla en cuanto se le antoje y el cámara, el entrevistador y todos nosotros, pasamos a publicidad sin inmutarnos por el testimonio. “Es la tele, y se ven tantas cosas…”.
Se normaliza el sufrimiento de los demás, como normalizamos cualquier agresión machista, violenta y hasta los atentados de ETA. Hay que oponerse a ello.
Pero es difícil cuando el morbo es dueño de la televisión y de los medios de comunicación. Hasta el punto de emitir las imágenes de una mujer atemorizada por la violencia de su hijo, de juntar a un maltratador con la maltratada y no hacer nada tras grabar las imágenes (ni ser juzgados por ello). Y no sirve como denuncia, ya que no cambia la situación de estas personas, simplemente se utiliza su sufrimiento para lograr una audiencia ¿interesada en la desgracia ajena?.
En esa eterna duda, como la del huevo y la gallina, sobre si se emite lo que la gente quiere ver o la gente quiere ver lo que se emite, cabría preguntarse si en realidad están aumentando el número de casos violentos y por ello los informativos llenan minutos con estas desgracias, o si por el contrario, viendo el interés que suscita en la sociedad la violencia y la deshumanización, se opta por captar a dicha audiencia ofreciendo infinitas imágenes y datos sobre cómo se puede llevar la cabeza de una madre en una bolsa por todo un pueblo.
Cualquiera de las dos opciones son tremendamente negativas, aunque tal vez habría más esperanza en poder reducir la violencia que en cambiar los gustos de la gente.
Tantos años viviendo con los medios de comunicación y todavía no tenemos claro si deben ser meramente informativos, si deben ser educativos o si algunos simplemente son empresas con el beneficio económico como único fin, cueste lo que cueste.
En cualquier caso, imposible saber si somos o no una sociedad cada vez más violenta, como mucho podríamos decir que estamos cada vez más y más aislados y eso, seguro que nos hace menos sociales y por lo tanto, menos humanos.
Pero que se puede decir cuando hay gente capaz de comprarse (y llevar) un bolso como el de la foto…
Alberto Sotillos