
Estamos a miles de kilómetros de ver calles con barricadas, pero hace unos meses estábamos a años luz. Las distancias en lo social se recorren a velocidades superiores a la de cualquier avión supersónico o incluso que la propia luz.
A nadie le puede extrañar que una noche nos acostemos cabreados -como la noche anterior y la anterior- y que sin saber el motivo nos levantemos a la mañana siguiente viendo violencia en las calles, porque condiciones hay para ello y se acrecientan a diario, con la salvedad de que todavía se cree más útil no hacerlo.
Difícil calcular cuándo se superará la barrera de la protesta normalizada (aquella que entra dentro de la norma del propio Gobierno como son las manifestaciones, concentraciones, etc) para pasar a la rebelión (pacífica o no) pero sin duda estamos en una tendencia que nos lleva por esa senda.
Ninguneamos a los partidos políticos -ellos hacen mucho por demostrar que quienes lo hacen tienen a veces razón- y el Gobierno se empeña en burlarse de quienes salen a la calle a manifestarse de manera reglada y legalizada por una Delegación de Gobierno que les humilla.
Cuando el cuidadano pierde la confianza en los partidos, cuando la Sociedad hunde la legitimidad de los sindicatos y cuando el Gobierno inutiliza las protestas pacíficas en la calle, el caldo para un grito más violento está servido.
Todavía queda, por ahora los partidos -hasta ahora minoritarios- recogen ese descontento. En algunos casos son fuerzas políticas con trayectoria, en otros movimientos populistas bastante más desestabilizadores. En todo caso queda demasiado paraunas nuevas elecciones y desahogarse diciendo en una encuesta que se va a votar a estas fuerzas realaja tensión pero por poco tiempo.
Salvo que la política regenere su capacidad de ofrecer alternativas regenerándose a sí misma -con cambios estructurales de profundo calado como necesita el PSOE- poco margen le queda a la ciudadanía.
La mejor gasolina y a la vez mecha para la peor situación posible es un Gobierno que ataca a sus ciudadanos, pero si no aparecen a tiempo los bomberos con una salida real, valiente y profunda, el incendio se descontrola.