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¿En qué se parecen los políticos al español medio?

El Congreso, vallado por las obras
Foto: EUROPA PRESS
 

Uno de los gritos estrella de los movimientos sociales que desde el año pasado han comenzado a irrumpir en España ha sido el dirigido a los políticos: "No nos representan". Más allá de la carga crítica con el sistema democrático de esas palabras, ¿qué tiene de real el lema? ¿Son de verdad los políticos una muestra representativa de lo que son los españoles de a pie?

Si se toman los líderes de los quince principales partidos del país se puede decir que, a grandes rasgos, no. Para empezar, la enorme mayoría son hombres, cuando en el mundo real hay más españolas que españoles. Rosa Díez, Laura Mintegi o Uxue Barkos son las únicas representantes femeninas entre los Rajoy, Lara, Mas, Urkullu, Cascos y un largo etcétera de doce líderes masculinos. En total, del 80% de hombres entre estos quince líderes al 49,3% de la sociedad real.

Tampoco en edad representan la media española. Estos quince líderes tienen una edad media de 56,5 años, siendo el mayor de todos los líderes Xosé Manuel Beiras, de 76 años, precisamente el que encabeza el partido que se erige como renovador de izquierdas. En el lado contrario otro líder de izquierdas muy en boga en las últimas semanas: Oriol Junqueras, de Esquerra, con 43 años. Pero hasta él está por encima de la edad media de los españoles, situada en los 41,6 años según el INE.

Por cerrar las variables sociológicas, tampoco hay muchas similitudes entre nuestros principales líderes políticos y la media social española: un 86,7% de ellos están casados, por el 57% de los españoles. Acorde a esta situación, también el número medio de hijos de los líderes políticos está por encima de la media española, algo a lo que contribuye especialmente Álvarez Cascos con seis descendientes.

Hombre, cincuentón y casado sería el líder político medio para representar a una mujer, recién entrada en los 40 y casada o soltera que encarna el retrato mayoritario de la sociedad a la que representan.

Variables económicas

Donde más diferencias se aprecian, sin embargo, es en lo económico y lo laboral. Por trazar un retrato individualizado de cada candidato, en el gráfico anexo se puede ver qué proporción de españoles encajan con las variables de cada candidato según el tipo de trabajo que tengan, ya sean autónomos, funcionarios, trabajen en empresa privada o estén en el paro.

Y es precisamente eso, el trabajo, lo que marca las mayores diferencias. Todos los líderes de los grandes partidos menos uno, Juantxo López de Uralde de Equo, han cobrado dinero público durante años, décadas incluso. Hay algunos que lo hicieron por haber conquistado una oposición, sea de registrador de la propiedad como Rajoy, como administrativo como Rosa Díez, o como profesores, como Urkullu, Mintegi, Rivero, Jorquera, Junqueras o Baldoví.

Hay quien lleva décadas cobrando dinero público, primero por una oposición y luego como político, como Rajoy, Díez, Mintegi, Rivero, Cascos o Beiras, y gente que tuvo breves incursiones en la empresa privada, como Artur Mas o Francisco Álvarez Cascos. Hay también profesionales como Uxue Barkos, periodista, o Cayo Lara, agricultor y exalcalde de una pequeña localidad ciudadrrealeña.

Sus perfiles profesionales tampoco son los medios de la sociedad española: hay catedráticos como Beiras (en Derecho y Economía), doctores como Rubalcaba (en Química) o Junqueras (en Historia), ingenieros como Cascos o economistas, como Mas.

Con el trabajo, claro, va la retribución. No se conoce la economía de los quince principales líderes políticos, pero sí la de la gran mayoría. Y suele ser poco representativa de la realidad española. Del patrimonio de millón y medio de euros de Álvarez Cascos a los fondos de inversión declarados por Rajoy (313.780 euros) y Rubalcaba (397.653 euros). De los 112.000 euros de sueldo de Artur Mas o los 81.563 de Paulino Rivero, a los 30.000 de Oriol Junqueras o los 43.000 de Cayo Lara.

Pese a lo que se suele creer, los grandes líderes políticos no suelen construir su patrimonio gracias a lo que cobran como representantes públicos, sino a lo que ganan de su propio partido, dinero que viene igualmente en parte del dinero público.

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