Pregunta: ¿Por qué nos ha traído al cementerio civil de Madrid?
R: Es uno de los que más me gusta. Aunque ya no se llama así, se sigue manteniendo ese nombre pero no existe la categoría de civil. Ahora todos los cementerios son municipales.
Aquí están enterrados Pío Baroja, Pablo Iglesias, La Pasionaria… Hay mucha historia guardada: hebreos, japoneses , protestantes.
P: ¿Cómo empezó su pasión por los cementerios y la muerte?
R: Por una necesidad profesional, nada más. Como periodista trabajé en temas de Defensa hasta información local. Después del cierre de 'Diario 16', el único trabajo que encontré fue en una revista funeraria, en 'Adiós'. Así empecé a escribir sobre el tema e interesarme por temas que no se publicaban. Nadie lo hacía porque la muerte da “yuyu” y nadie se ocupaba de ella.
P: ¿Superaremos el miedo a la muerte y lo veremos como un proceso natural de la vida?
R: Es un proceso natural de la vida. Superar el miedo a la muerte no sé cómo se hace. Yo tengo mucho miedo a morir pero lo que hago es no pensar en ello. No malgasto tiempo de mi vida pensando en la muerte.
Quiero acordarme que me voy a morir, a ser posible, un par de segundos antes de que ocurra. Es una pérdida pensarlo antes. Para mí visitar un cementerio no hace que piense que me voy a morir.
P: ¿Celebraremos algún día una fiesta cuando alguien muera en honor al que se va?
R: Hay mucha gente que pide que se celebre una fiesta cuando se muere. Lo que pasa es que de eso no nos enteramos. Otras culturas celebran una fiesta cuando alguien se marcha porque de verdad creen en que haya algo más después de la muerte. Las religiones que más sufren con la pérdida de una persona son las que están convencidas de que, en el fondo, no hay nada más.
P: ¿Por qué tenemos tanto miedo a pasearnos en cementerio?
R: La cultura católica de la muerte se ha rodeado de unos tópicos muy grandes. Además, los que se dedican a ver fantasmas en los cementerios no hacen que esto se vea muy natural (risas). Si hay seguridad en algún sitio, es en un cementerio. El peligro está de puertas para fuera.
P: ¿Ha tenido alguna historia paranormal en algún cementerio?
R: Jamás. Nunca (risas). He grabado televisión de noche en un cementerio, ni jamás he visto que se levantara nadie.
Conocí hace tiempo a un sepulturero que decía que veía fuegos fatuos y que ocurrían cosas extrañas. Luego, hablando con los compañeros me enteré que le daba al vino demasiado. Así normal que viera fantasmas y de todo.
P: ¿Cómo nos gusta enterrarnos a los españoles?
R: Cada vez nos gusta más incinerarnos, sobre todo porque la gente siente menos presión de la iglesia católica que era la que prohibía la incineración hasta 1964. Hay un 20% de los españoles que se incineran de media. Pero hay ciudades que superan el 50% que prefieren la incineración porque es higiénico y puedes acabar donde tú quieras.
P: ¿Qué anécdotas hay con las nuevas formas de enterrarnos?
R: La gente no se entera todavía que lo que se esparcen son las cenizas y no la urna. Por eso, de vez en cuando, aparece una urna flotando en una playa del Levante o del sur. O aparece una urna rodando en una pista de esquí de Formigal.
La urna es un compartimento estanco y flota. Si se tira la urna, el muerto acaba en una playa o en las redes de unos pescadores.
P: ¿Qué opina de los entierros mediáticos como el de Michael Jackson?
R: El padre de Michael Jackson tenía calculada la vida de su hijo y su muerte para sacar el máximo beneficio posible de su hijo. Ha intentado crear un nuevo Graceland, al estilo de Elvis, y seguramente lo conseguirá hacer. El entierro de Elvis también fue así, primero se enterró en Memphis y después se hizo la tumba en Graceland. Seguramente Jackson descansará en Nerverland y se convertirá en un museo.
Carlos Gardel también fue despedido por una gran multitud de gente en un gran estadio. La gente que despierta pasiones es despedida de forma multitudinaria.
P: ¿Hay algún muerto que haya dado más guerra muerto que vivo?
R: Los que dan la guerra son los vivos que se empeñan de dar guerra con los muertos. Pero hay muchos, Lenin sigue dando mucho que hablar, Evita Perón… Ha habido entierros peculiares como Pío Baroja que pidió ser enterrado en el cementerio civil. Pero Franco quería llevárselo a la zona cristiana para que no se le escapara un intelectual. Al final, consiguió ser enterrado como quería.
P: Un cementerio que le guste
R: Père-Lachaise de París, es el cementerio con mayor número de ilustres por metro cuadrado. Allí están, Chopin, La Fontaine, Jim Morrison, Oscar Wilde, Édith Piaf e incluso algún español como Juan Negrín o Manuel Godoy. Es un cementerio impresionante.
P: ¿Puede ser un cementerio un sitio romántico?
R: Me parece un lugar un poco tétrico, pero si alguien lo hace será porque habrá alguna razón como en otro sitio cualquiera. De todos modos, ya hubo quien lo hizo. La autora de Frankenstein, Mary Shelley, se declaró a su marido en un cementerio delante de la tumba de su madre. No sería nuevo.
P: El epitafio más curioso que ha visto
R: Por cercanía, señalaría el de Nicolás Salmerón “Dejó el poder por no firmar una sentencia de muerte”. Hay uno muy curioso que dice “Nada hay después de la muerte”, el que murió lo hizo enfadado. Salvo el de Groucho Marx, el epitafio de “Perdonen que no me levante” no existe en la tumba de Groucho Marx. Ese epitafio está en muchos epitafios de anónimos.
P: Más de uno prefiere ser enterrado con su móvil por la fatal pesadilla de ser enterrado vivo. ¿Se ha dado algún caso?
R: Realmente no, ya nadie se va vivo a la tumba (risas). Quién se vaya a la tumba con el móvil se irá sin batería porque los servicios funerarios están obligados a retirar la batería porque es un elemento contaminante.