Hace algunos días, Javier Solana, máximo representante de la diplomacia europea, aparecía en la portada de un dominical. Su rostro reflejaba el paso de los años en un personaje que, tanto en España como en el extranjero, lleva muchos años en primera línea de la actualidad.
Pero, ¿quién no recuerda la llegada de Zapatero a la secretaría general del PSOE hace ya casi una década? Todos los medios hablaban de su juventud: un rostro nuevo para una política española que empezaba a volverse rancia en los inicios de un nuevo siglo.
Años después, ya en su segunda legislatura, el rostro de Zapatero ha cambiado y las canas han hecho su aparición. Sin duda, la dura y manida crisis económica han aumentado sus preocupaciones, y más de alguna arruga debe haber sido causada por la situación económica.
Tampoco Mariano Rajoy ha quedado exento del efecto del tiempo en su rostro. En 1996, cuando fue nombrado Ministro de Administraciones Públicas en el primer Gobierno de Aznar, lucía una poblada barba negra y apenas lucía canas. En la actualidad y tras dos derrotas electorales, el color blanco ha ido ganando terreno en la cara de Rajoy.
Y es que, como gran ejemplo del paso del tiempo en las caras de nuestros políticos, tenemos la fotografía que conmemora los 10 años del primer Ejecutivo de Aznar. La mayoría de los componentes de ese primer Gobierno popular se reunieron en la madrileña Puerta de Europa y las bromas sobre su envejecimiento no tardaron en aparecer.
Sobre todo al verse en la imagen captada una década antes en la puerta del Palacio de La Moncloa.
Los jóvenes socialistas de los ochenta
Con la transición, tras los años de dictadura, llegó una generación de políticos que estaba marcada por su juventud, sus nuevos aires y sus chaquetas de pana. Son esas figuras políticas que llevan con nosotros toda la vida. Y no, no hablamos de Fraga.
Felipe González, Alfonso Guerra, Manuel Marín, Manuel Chaves o José Bono, entre muchos otros,… han ido envejeciendo y ganando canas en portadas de periódicos e informativos de televisión.
E incluso, la mayoría de ellos, siguen siendo primeros espadas en el PSOE, con cargos de enorme responsabilidad. Y estamos tan acostumbrados a sus rostros que ya se han convertido casi en miembros de nuestra familia.
Los políticos que no quieren envejecer
Pero no todos aceptan bien este paso del tiempo y ponen toda la carne en el asador para que el paso de los años no se les note nada. Y no sólo hablamos de mantener su agenda política a todo ritmo. Hay políticos que con el paso de los años están mucho más jóvenes.
Y los dos grandes referentes de esta ‘tendencia’ entre los políticos son José María Aznar y Silvio Berlusconi.
Aznar siempre ha sido un hombre activo y deportista. En sus años en La Moncloa, fueron habituales las fotos de sus baños veraniegos. Ya lucía un buen tipo. Pero nada que ver con el último verano, donde el ex presidente demostró que se machaca el cuerpo a diario a base de miles de abdominales.
Si a esto le sumas su cambio de look, con media melena, más desenfadada y el recorte de su bigote, Aznar, dejando atrás su época más seria, ha pulido su cuerpo y su imagen para adoptar un aire mucho más juvenil.
Por otros medios, mucho más directos y contundentes, ha ido rejuveneciendo con el paso de los años el Primer Ministro italiano, Silvio Berlusconi.
Lleva muchos años en la primera línea de la actualidad, primero como empresario, después como mandatario del Milán y posteriormente como político.
Pero sus continuos viajes al quirófano han conseguido que sea posiblemente el único político al que las arrugas le han marcado el rostro por el peso del poder.
Y pese a su edad, ‘Il Cavaliere’ sigue cortejando hermosas jovencitas. Aunque quizás, si continúa con el mismo ritmo de polémicas de los últimos meses, las arrugas acaben saltándose las operaciones estéticas.
Distintas formas de envejecer
Los dos últimos casos de esta lista son políticos extranjeros que han tenido dos formas diferente de curtirse el rostro.
El primero es Bill Clinton. Antes de convertirse en Presidente de los Estados Unidos, Clinton ya lucía un pelo claro, pero tirando a rubio. Y desde luego, un rostro mucho más juvenil.
Después, cuando abandonó la casa blanca, su cabello ya estaba completamente teñido de blanco y con muchas más arrugas.
El otro caso, algo excepcional es el de Víctor Yúshchenko. El presidente de Ucrania, que llegó al poder en medio de la Revolución Amarilla, lucía un aspecto juvenil y un rostro apenas marcado por el paso de los años.
Pero durante la campaña fue envenenado presuntamente por alguno de sus rivales, lo que envejeció su rostro en cuestión de semanas.