Atentados simultáneos
contra blancos mayormente chiitas en varios puntos de Irak
causaron la muerte el jueves de al menos 60 personas y dejaron
decenas de heridos, en una de las jornadas más sangrientas desde
que las tropas estadounidenses abandonaron el país a mediados de
diciembre.
Los ataques, que parecen enfrentar a insurgentes suníes
ligados a Al Qaeda con comunidades chiitas, han elevado los
temores de un regreso a las feroces luchas sectarias que
azotaron Irak y mataron a miles de personas en 2006 y 2007.
La violencia terminó con semanas de relativa calma, mientras
el primer ministro iraquí, el chiita Nuri al-Maliki, y líderes
suníes buscan resolver una crisis política surgida tras la
salida de las tropas estadounidenses.
Al menos 32 personas murieron en incidentes en Bagdad, donde
10 explosiones destrozaron vecindarios mayormente chiitas
durante la hora de mayor tráfico en la mañana, además de apuntar
a patrullas policiales, usuarios de la red de transporte y
multitudes en zonas comerciales.
Más de una decena de explosiones y atentados impactaron
otras ciudades del país, desde Mosul en el norte a Hilla, al sur
de Bagdad, y muchos tenían como objetivo a la policía.
Los ataques apuntaban a vecindarios chiitas y fuerzas de
seguridad, un blanco frecuente de los insurgentes suníes.
Funcionarios iraquíes auguraron que ambos grupos intentarían
fomentar las tensiones sectarias con atentados después de que
las fuerzas estadounidenses volvieran a casa.
Aunque la violencia se ha reducido en relación a los peores
días del conflicto, rebeldes suníes vinculados a Al Qaeda aún
tienen la capacidad de perpetrar asaltos a gran escala, a menudo
atacando edificios del Gobierno y de la policía en un intento
por mostrar que Maliki no puede garantizar la seguridad a los
iraquíes.
(Escrito por Yara Bayoumy y Francois Murphy; Editado en
español por Marion Giraldo)
REUTERS MG JIC