El negocio de las llamadas 'muñecas del amor', 'sex dolls', 'love dolls' o muñecas hinchables son, en definitiva, juguetes sexuales que emulan el tamaño y la forma del cuerpo de una pareja sexual usualmente de forma humana para actos sexuales simulados.
Esta 'compañia de plástico' ha ido evolucionando a lo largo del tiempo desde su aparición en 1930 hasta la actualidad, tanto en la forma física de los juguetes como en el precio de su adquisicón. Así, hoy en día, una 'sex doll' puede llegar a tener un precio de hasta 6.000 euros.
Lo cierto, es que Japón, pionero en lás últimas innovaciones tecnológicas y no tan tecnológicas, es el mayor distrbuidor de estas muñecas, que antes se moldeaban a golpe de pulmón como si de una colchoneta se tratara, y ahora son elaboradas con látex, vinilo y silicona, con un cuerpo mucho más real, cabello natural y tacto verosimil.
Datch Waifu, la última novedad
Estas muñecas, (cuyo nombre significa esposas holandesas por su origen), son la última adquisición en materia sexual. El fenómeno ha cobrado proporciones realmente perturbadoras en los ultimos años, tanto que pueden llegar a tener voz y sensores de movimiento, con respuestas preestablecidas para todo tipo de situaciones. Además, sí el cliente lo desea, puede comprar ropa a sus muñecas, pelucas, maquillaje y toda clase de accesorios.
El estrés promueve la venta de las 'sex dolls'
Algunos estudiosos han señalado que un gran porcentaje de consumidores de este juguete sexual lleva un estilo de vida subyugado al ámbito laboral, un ritmo de vida bastante estresante donde el contacto humano es muy difícil para algunos.
Por este motivo, muchos hombres, que no tienen tiempo de convivir con sus familias y a menudo pierden la capacidad de interactuar con sus esposas, deciden obtener una de estas muñecas.
Del mismo modo, otros consumidores han argumentado que las prefieren porque no hablan y permiten satisfacer todo tipo de fantasías, mientras que otros dicen que las usan porque temen contraer enfermedades de transmisión sexual.
Las muñecas y las máquinas expendedoras
En algunas ciudades de Japón 'encontrar el amor' ya 'no es un problema', porque existe la posibilidad de disponer diferentes 'love dolls' gracias a las máquinas expendedoras.
Las muñecas hinchables más atractivas, que se exponen en los escaparates de las máquinas automáticas y espacios vending son un reclamo para muchos clientes que tienen la oportunidad de vislumbrar cómo sería el producto una vez en funcionamiento.
La Primera Guerra Munidal fue su lanzadera
Las primeras 'sex dolls' nacieron con una única función, la de aplacar los instintos primitivos provocados por una larga abstinencia.
Las tripulaciones japonesas destacadas en los submarinos después de la Primera Guerra Mundial usaron las primeras muñecas hinchables de la historia, no precisamente como flotadores salvavidas por si la nave se hundía, sino para acabar con el deseo sexual que existía en los larguísimos días en las profundidades marinas.
Tras la guerra, las 'sex dolls', llegaron a tierra y no tardaron en pasar de mano en mano para hacerle un favor a algún amigo, convirtieron así en un fetiche, que se universalizó y no tardó en llegar a los ‘sex shops’por unos pocos dólares.