El Palacio de Congresos de Madrid acogió este pasado fin de semana la I Feria Internacional de los Idiomas donde, entre otras cosas, se pusieron sobre la mesa dos datos que deberíamos tener muy presentes.
Por un lado, alrededor del 80% de las actuales ofertas de trabajo exigen, como mínimo, el conocimiento del inglés. Por otro, y lo que es peor, España aparece en un sonrojante puesto 24 según el Índice Mundial del Nivel de Inglés, ocupando además el antepenúltimo puesto a nivel europeo, por detrás de Polonia, Portugal o Francia -que tienen un nivel medio- y muy lejos de los países nórdicos, que siguen liderando la clasificación con un nivel muy alto.
Aún siendo estas cifras desoladoras, lo cierto es que se trata de algo que venimos arrastrando desde lejos. Hace 50 años, en plena década de los sesenta, durante la dictadura franquista, el régimen cerró prácticamente a cal y canto las fronteras al idioma de Shakespeare, centrándose única y exclusivamente en la defensa del español.
Si bien los tiempos han cambiado, lo cierto es que a día de hoy más del 60% de los españoles reconoce que no es capaz de hablar, ni de leer ni de escribir en ese idioma.
Talla y peso
Donde sí parece que estamos dando poco a poco la talla y nos estamos colocando a la altura de nuestros vecinos europeos es en eso precisamente, la altura.
El aumento de la talla de los españoles ha sido más rápido e intenso que en otros países, gracias entre otras cosas a la velocidad a la que se han ido produciendo los cambios socioeconómicos en nuestro país, que han posibilitado que España alcance en un periodo relativamente corto de tiempo a los países de su entorno.
Un estudio elaborado recientemente por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), en el que se repasa los cambios generacionales de la estatura en España en el siglo XX, desvela que un hombre nacido en 1910 tuvo una estatura media de 1,66, metros mientras que la mujer nacida ese año llegó a medir de media 1,55.
En 1987, más de tres cuartos de siglo después y fecha de nacimiento de la última generación que ha completado su fase de crecimiento, la estatura de un varón es de 1,77 metros y la de la mujer llega al 1,62.
Esto significa que los españoles se han equiparado en estatura al resto de europeos, excepto a holandeses, alemanes y suecos, que continúan siendo más altos.
El dato negativo en cuanto a físico se refiere lo encontramos en el peso; hemos ganado peso de forma exagerada. Tanto en hombres como en mujeres se ha producido un incremento desproporcionado de peso respecto a la talla.
El aumento es de 2,18 puntos en el índice de masa corporal (IMC) medio, lo que se asocia al aumento del sobrepeso, y de 3,7 a 5,3 puntos en personas con IMC superior al percentil 75, lo que significa que se disparan los casos de obesidad extrema.
En definitiva la evolución de la talla, especialmente, y el peso de los españoles ha sido más rápida que en otros países por la velocidad a la que se han producido los cambios socioeconómicos, productivos y demográficos.
De país emisor a receptor
Uno de los cambios más significativos que se han producido en España en los últimos 50 años tiene que ver con aspectos demográficos. En concreto, en 1960 la población española rondaba los 31,5 millones de habitantes, por los 47 millones actuales.
De ellos, según los últimos datos aportados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), 6,7 millones nacieron fuera del país, lo que pone de manifiesto que en apenas unas pocas décadas, España ha pasado de ser un país emisor de emigrantes (especialmente durante los sesenta y setenta, con Alemania, Francia y Suiza como principales países de destino) a ser un receptor de flujo migratorio.
A pesar de que, por primera vez, la diferencia entre el número de personas que entra en España y el que sale registró un saldo negativo de 50.090 personas en 2011, España sigue siendo el país de la Unión Europea que cuenta con más inmigrantes (5,7 millones), sólo superada por Alemania (7,5).
Desempleo, rentas y salarios mínimos
Mal que nos pese, donde no encontramos oposición alguna es en términos de desempleo. Según datos de Eurostat, dentro de la Unión Europea España ocupa el primer puesto, con una tasa de paro del 22,9%, trece puntos por encima de la media en la Eurozana (9,8%).
Con respecto a los salarios, a pesar de que en España se ha dado un importante salto cuantitativo en las últimas cinco décadas, la realidad es que aún estamos muy lejos de los 'grandes' de Europa.
Hacia 1960, la renta per cápita de los españoles equivalía aproximadamente a 5.500 euros, por los actuales 21.500 euros. A pesar de este incremento, seguimos contando con una de las rentas más bajas, un 20% por debajo de la media europea (27.036 euros brutos) y muy lejos del Reino Unido (46.058), Holanda (42.720) y Alemania (40.914), según el último informe elaborado por Adecco y la escuela de negocios IESE sobre la evolución del salario.
Finalmente, más revelador aún es el dato sobre el salario mínimo (SMI) en España si se compara con nuestros socios europeos. Con 641,4 euros (14 pagas), España cuenta con uno de los SMI más bajos de la Eurozona, a la altura de Portugal (565 euros) y Malta (665), y muy lejos de Luxemburgo (1.757), Irlanda (1.461), Holanda (1.424) o Bélgica (1.415).