La adicción al sexo describe la búsqueda repetida y compulsiva de experiencias sexuales nuevas, lo que conlleva la ausencia de control del individuo sobre su conducta sexual. Los adictos presentan un patrón de comportamiento autodestructivo puesto que no consiguen satisfacer su excesivo deseo sexual. Asimismo, esta patología suele desembocar en consecuencias negativas, que van desde la pérdida del empleo hasta ideas suicidas.
Tradicionalmente, ha existido una gran controversia en torno a esta patología. En los últimos años se decidió que la categoría de diagnosis más apropiada para la hipersexualidad es la de las adicciones, ya que comparte algunas características con otros trastornos adictivos como el alcoholismo, la drogadicción o la ludopatía.
En esta línea, son varios los especialistas (Coleman, Anthony, D.T. & Hollander) que sostienen que la actividad sexual actúa como un modo de enaltecer o alterar el propio estado de ánimo. Por lo tanto, la alteración del comportamiento inducido puede asociarse fácilmente con otros procesos de adicciones tales como el juego y la comida. De este modo, la mayor parte de los expertos considera que la dependencia sexual es un proceso adictivo del ámbito del trastorno obsesivo-compulsivo.
La última edición del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría (texto fundamental para la psiquiatría mundial), considera que la hipersexualidad es "un trastorno obsesivo compulsivo: quienes lo padecen no pueden controlar sus pensamientos ni sus actos repetitivos".
Según el manual, se trata de uno de los trastornos psiquiátricos más serios y más olvidados. En sus páginas señala que hace 200 años ya existía literatura médica sobre casos de sexoadictos. "Esto ha existido siempre, lo que ocurre es que hoy en día hay menos tabú al respecto", concluye.
Esta definición de la hipersexualidad coincide con la de Josep Maria Farré, especialista del Institut Universitari Dexeus de Barcelona y experto en materia de sexualidad. Según Farré, "muchos pueden pensar que la adicción al sexo es una suerte, más que un problema de salud. Sin embargo, hablamos de personas que ven peligrar su estabilidad emocional, las relaciones familiares y sociales, trabajo o medios económicos por causa de un impulso imposible de frenar".
Características y tratamiento a seguir
Aunque cada caso es particular, las personas que padecen adicción al sexo presentan una serie de características comunes. El factor más definitorio es la actividad sexual excesiva, promiscua e incontrolada. Por lo general, este comportamiento es de alto riesgo o autodestructivo.
La adicción al sexo tiene consecuencias graves de tipo médico e interpersonal, por lo que son muchos quienes han intentado sin éxito evitar o detener esta conducta sexual. Entre estos efectos, cabe destacar que los pacientes sufren cambios severos de humor relacionados con la actividad sexual y pueden encadenar períodos de depresión con otros de euforia.
El empleo de grandes cantidades de tiempo en la búsqueda de nuevas relaciones sexuales y en el consumo excesivo de pornografía interfiere negativamente en las actividades sociales o de ocio. Por último, existen otras pautas de comportamiento relacionadas con la hipersexualidad, como pueden ser el exhibicionismo o el voyeurismo, y otras conductas no-parafilicas, como la masturbación compulsiva.
Si bien existen varias líneas de investigación acerca de este problema, son muchos quienes piensan que esta adicción es resultado de interrupciones y frustraciones en el aprendizaje sexual del paciente. Esto podría estar relacionado con problemas relacionales en la infancia, vinculados a menudo a sentimientos de vergüenza e inferioridad. El sujeto típico suele ser un varón joven que manifiesta un comportamiento sexual promiscuo y compulsivo durante varios años, asociado a angustia subjetiva y a deterioro en el funcionamiento interpersonal.
El tratamiento más utilizado para combatir la hipersexualidad incluye el consejo profesional y la asistencia a programas de autoayuda. Estos grupos son frecuentes en países como Estados Unidos, pero tienen poca actividad en España. El objetivo es conseguir un cierto grado de abstinencia sexual a través de la educación sexual, la reducción de los sentimientos de culpa y vergüenza, el aumento de la empatía con las víctimas y el compromiso para abstenerse de compulsiones abusivas.
Asimismo, la terapia cognitiva conductual suele combinarse con la intervención psicofarmacológica. Así pues, es frecuente la dispensación de fármacos como los parches antitestosterona o la pastillas para calmar la ansiedad. A pesar de las controversias suscitadas, en algunos casos se ha propuesto el uso de un tratamiento hormonal, para aquellos pacientes que presentan una actividad sexual delictiva.
No obstante, los especialistas admiten que todavía se conoce muy poco sobre cómo el cerebro reacciona ante un trastorno de hipersexualidad.