A punto de cumplirse el primer aniversario del comienzo de la denominada “primavera árabe”, el 17 de diciembre, fecha de la muerte del joven Mohamed Buazzi que encendió la mecha de la revuelta en Túnez y contagió rápidamente a otros países del norte de África y Oriente Próximo, la pregunta que más se repite es ¿quién será el próximo en caer? La creencia es de que la “primavera árabe” sigue su curso sin descanso ni piedad.
Haizam Amirah Fernández, Investigador Principal de Mediterráneo y Mundo Árabe del Real Instituto Elcano, asegura que “los procesos de transformación en el mundo árabe siguen en marcha a pesar de las dificultades y así lo demuestra la caída del gadafismo”.
A juicio de Amirah Fernández, un indicio concluyente fue que “el anuncio de la liberación completa de Libia el pasado 23 de octubre, en medio de grandes celebraciones populares, coincidió con las primeras elecciones democráticas en Túnez, el país donde se iniciaron las 'primaveras árabes”.
La caída de Gadafi, después de nueves meses de intensos combates entre las tropas del dictador libio y los rebeldes del Consejo Nacional de Transición (CNT), ha dejado un marcado mensaje a otros mandatarios árabes autoritarios que se resisten a abandonar el poder, en palabras de Amirah Fernández.
¿Quién será el próximo en caer?
Tras la huida del tunecino Ben Ali, la detección del egipcio Hosni Mubarak y la muerte del libio Muamar el Gadafi, los tres tiranos caídos hasta ahora, las miradas se dirigen a Siria, donde las revueltas populares contra el régimen de Bashar Al Asad ya se han cobrado la vida de unas tres mil personas desde marzo pasado, según la ONU.
También a Yemen, donde los combates entre las tropas leales al presidente Ali Abdalá Saleh –herido en un ataque a su palacio el 3 de junio- y los rebeldes se suceden día tras día en las principales ciudades del país.
Bashar Al Asad y Ali Abdalá Saleh están en el punto de mira de los analistas políticos y del Departamento de Estado de Estados Unidos quien, en palabras de su portavoz adjunto, Mark Toner, advirtió de que la muerte de Gadafi es una señal para los dirigentes de Siria y Yemen que, como el derrotado líder libio, “están en el lado incorrecto de la historia” y cuyos días “están contados”.
Según Amirah Fernández, “Una vez que los focos dejen de estar puestos en Libia, habrá más presión sobre los regímenes de Damasco y de Saná para que dejen de matar a sus ciudadanos y de fomentar las divisiones internas con la esperanza de poder salvarse de esa forma”.
“Al principio de las revueltas, los regímenes de Bashar al-Asad y de Ali Abdalá Saleh tenían dos opciones: hacer cambios o ser cambiados. Sin embargo, sus cabecillas hace tiempo que han pasado el punto de no retorno y están dispuestos a dejar a sus respectivos países en un estado de enfrentamiento civil y colapso económico”, explica este experto en mundo árabe.
Una situación tensa
Las últimas noticias que llegan de estos puntos calientes no animan a una rápida resolución del conflicto. “La situación en Siria es muy tensa”, aseguraba el pasado 24 de octubre la portavoz del Departamento de Estado estadounidense, Victoria Nuland, al explicar las razonas que han llevado a su Gobierno a llamar a consultas a su embajador en Siria, Robert Ford, mientras la oposición siria reclamaba a la Liga Árabe soluciones "rápidas y viables" para protegerse de las matanzas y las detenciones ejercidas por el régimen de Bachar al Asad.
En el caso de Yemen, las palabras del presidente Alí Abdalá Saleh que daba la bienvenida a la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, aprobada el pasado 21 de octubre, que le pedía firmar la iniciativa del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) para abandonar el poder, invitan a pensar que su final está cerca, aunque este gesto del mandatario yemení se ha repetido en varias ocasiones y, en el último momento, siempre se ha echado para atrás.
Saleh, según la agencia de noticias estatal yemení Saba, estaría dispuesto a "sentarse inmediatamente" con el principal bloque opositor, el Encuentro Compartido, para terminar el diálogo sobre el mecanismo de aplicación del plan del CCG, presentado en abril pasado, y en el que se estipulaba que Saleh traspasase el poder al vicepresidente, Abdo Rabu Mansur Hadi, en el plazo de treinta días tras su rúbrica y la celebración de elecciones dos meses después.
- Terra
