Eran las 5 de la tarde en la Isla de Utoya, situada dentro del lago Tyrifjorden, a unos 30 kilómetros de Oslo. Los participantes en el campamento de las juventudes laboristas acababan de recibir una terrible noticia, una explosión en el centro de la capital ha dejado al menos 8 muertos. Tanto jóvenes como mayores se preocupan por contactar con sus familiares. De pronto, un policía hace que algunos de los acampados se reúnan para un control preventivo.
Así empezaba la peor hora y media de la vida de Adrian Pracon y Khamshajiny Gunaratnam, dos jóvenes reunidos en el campamento laborista. El supuesto policía era Anders Behring Breivik, que posteriormente sería detenido como responsable de ambos atentados. El joven de extrema derecha llevaba años preparando ambos ataques. Esa misma mañana, Breivik había colgado un vídeo en Youtube avisando del ataque y clamando venganza contra "marxistas y musulmanes".
"Nos dijo a todos que moriríamos" relata Pracon, que consiguió sobrevivir gracias a hacerse el muerto. El terrorista celebraba cada uno de los tiros que disparaba con gritos de victoria, disparando a los grupos más numerosos con su rifle cargado con balas 'dum-dum' prohibidas desde finales del siglo XIX por su brutalidad. Los extremos de estas balas están huecos, consiguiendo que exploten dentro del cuerpo de la víctima causando daños irreparables.
"La gente se tiraba al agua para huir, era horrible, yo prefería morir ahogada que por un tiro" cuenta Khamshajiny Gunaratnam en su blog personal, dias después de la masacre. "Aún estoy en estado de shock". "Mucha gente tenía que darse media vuelta porque el agua estaba helada, yo continué hasta que un barco nos rescató a un amigo y a mí" concluye Gunaratnam.
Adrian Pracon fue uno de los que tuvieron que volver, "mis botas pesaban demasiado, y volví hacia la orilla, pero ahí estaba él". ¡Es vuestro turno de morir! gritó Breivik a la vuelta de Pracon, que recibió un tiro en el hombro. Desde su agonía Pracon intentaba hacerse el muerto para no llamar la atención, mientras contemplaba imágenes que "ya no se le borrarán de la cabeza". "Dos personas empezaron a hablarle, intentando hacerle entrar en razón y dos segundos después estaban muertas".
Un niño de unos 11 años intercambió una mirada con Pracon antes de acercarse al terrorista. "Ya has disparado bastante. Mataste a mi padre. Soy demasiado joven para morir. Déjanos en paz" recriminó el niño. Según cuenta Pracon, Breivik decidió dejar en paz al pequeño, que se marchó cuando este reanudó el fuego contra un grupo más grande.
La pesadilla parecía no tener fin, la masacre ya duraba una hora. 68 muertos, ahogados o disparados. "Nos había atacado un hombre vestido de policía, no podíamos fiarnos de nadie, además parecía que la policía no iba a llegar nunca" confiesa en su blog Gunaratnam.
La labor de la policía Noruega está en tela de juicio en el país nórdico. Los agentes llegaron una hora después de que diera comienzo el tiroteo, y tardaron casi veinte minutos más en detener a Breivik. Sveinung Sponheim, portavoz de la policía, contaba que no disponían de un helicóptero en la zona. Al final los agentes acabaron llegando en barco, más tarde incluso que los medios de comunicación. Además se ha revelado que los servicios de seguridad estaban siguiendo a Breivik desde marzo, sin embargo, los datos de su investigación se consideraron no relevantes.
El otro cabo suelto que queda por atar es la desaparición de único agente de policía que estaba en la isla durante el ataque, el cual no fue visto por ninguno de los testigos, ni antes ni después de la masacre.
- Terra
