Aparentemente tranquilo, un hombre acude a una gasolinera para comprar algo cuyo valor es un dólar y treinta centavos. Tras pagar, saca una pistola y sin apuntar directamente hacia el hombre le pide por favor que le dé la caja, a lo que el dependiente le pregunta si está seguro.
Se introducen así en una conversación surrealista en la que el atracador achaca su actuación a la necesidad de cuidar de sus hijos, y rechaza los cuarenta dólares que le ofrece para ello. Eso sí, le promete devolverle la caja cuando disponga de dinero.
- Terra
