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 Una exposición recorre "Un siglo de circo" de la mano de la familia Rivel

25 de enero de 2011


A punto de cumplir unos 90 años de edad que no aparenta, Paulina Rivel ha recordado hoy en Barcelona sus tempranos inicios en el mundo del circo, de la mano de su estricto padre Charlie, así como su formación como amazona junto a su marido Albert Schumann, procedente de otra de las emblemáticas familias de este ámbito.

Vestidos de lentejuelas, una silla de montar, programas de mano de sus espectáculos, grabaciones audiovisuales mostrando su arte, un viejo vestido rojo de su progenitor, así como su nariz, peluca y su última caja de maquillaje forman parte de esta muestra, comisariada por el catalán Jordi Jané y el italiano Raffaele De Ritis.

Jané ha explicado que han querido presentar un proyecto 'elemental' en el que se pudieran condensar cien años de circo en Europa, de la mano de un mito viviente que empezó como bailarina, incluso imitando a Josephine Baker sin ningún tipo de miedo con apenas seis años, que luego ejerció como la gran amazona de las pistas, y que terminó junto a Charlie Rivel como clown.

Tanto Jané como De Ritis han destacado su contribución a la renovación del mundo del circo, con actuaciones que siguen siendo insuperables y que en los inicios del siglo XXI son de una gran modernidad.

Asimismo, con la exposición pretenden subrayar la importancia histórica de dos dinastías del circo contemporáneo muy diferentes entre sí, una procedente de Dinamarca y otra impregnada de aire mediterráneo, moviéndose siempre entre la tradición y la innovación, divirtiendo y triunfando en plazas como París, Berlín, Viena o Londres.

En cambio, Jordi Jané ha resaltado que mientras Paulina era más que conocida en el extranjero, en España no actuó durante años.

En su intervención Paulina Andreu, que realizó su último número ecuestre en las Navidades de 1998, ha rememorado que es la única de sus hermanos nacida en Barcelona, porque su familia estaba siempre viajando y su madre, muy celosa, no quería dejar solo a su padre con la compañía, de manera que paría donde se encontrara el circo en ese momento.

Por otra parte, ha advertido que habla siete idiomas, pero todos con acento, debido a que los ha aprendido bajo una carpa en la que había árabes, rusos, ingleses, italianos, franceses o españoles. 'Nunca -ha reconocido- tendré el acento propio de un país'.

Bautizada por el mismo cura que lo hizo veinte años antes a su padre, hoy esta figura capital del circo del siglo XX no ha podido evitar emocionarse cuando ha aludido a la muerte de Charlie Rivel y al hecho de que el artista debe seguir actuando en los momentos más duros de su vida.

'Cuando trabajas en una pista -ha dicho- no notas que tengas dolores, ni preocupaciones, ni tienes ganas de llorar. Allí se olvida todo'.

Tampoco ha tenido empacho en explicar cómo su marido y su suegro la 'invitaron' a trabajar con caballos, sin que ella lo hubiera probado nunca, y cómo consiguió crear algunos peligrosos números con un equino, que le obligaron, incluso, a tomar pastillas para poder dormir, tras unas duras jornadas de muchos nervios.

A su juicio, siempre fue una adelantada en todo y ha aseverado ser la creadora de un circo nuevo. 'Aunque algunos decían que eso no era circo, ahora yo veo cosas que ya hice hace noventa años', ha bromeado.

La exposición, que permanecerá en el Arts Santa Mònica hasta el próximo día 8 de mayo, viajará en septiembre a Madrid, donde podrá visitarse en las instalaciones del Circo Price.

Terra