El Gobierno anunciaba hace una semana que reducirá la velocidad de 120 kilómetros por hora a 110. La medida ha caído mal entre los conductores y entre los ecologistas, que piden bajarlo más. Ingenieros, patronal del petróleo y expertos en automoción aplauden el cambio que sin embargo les parece ineficaz porque el ahorro energético tiene que ver con cómo se conduce y, sobre todo, con el tipo de automóvil que se lleva. "Si un coche se ha hecho para ir más rápido, no funciona de forma óptima yendo a menos durante tiempo prolongado". Es la opinión del ingeniero Isaac Prada y Nogueira, experto en movilidad eficiente y durante años parte de la escudería Renault.
“No se puede decir que la velocidad tenga que ver con el consumo", explica Prada. A un coche de seis velocidades le supone más que a uno sólo con cinco ir a 110 kilómetros por hora. El motor se acelera más y gasta una cantidad mayor de combustible. “Lo de bajar la velocidad es la mitad del paquete, debería decirse claramente que hay que ir en marchas largas porque el ahorro de combustible depende de lo que el vehículo se acelere”. Es la opinión de Gonzalo del Castillo, Consejero Técnico de la Asociación Española de Operadores de Productos Petrolíferos (AOP), quien, igual que Prada, cree que el motor y tipo de vehículo es lo que determina que se consuma más o menos.
"Una medida favorable pero cosmética"
Para la patronal del petróleo la medida "es favorable pero cosmética" y critica que no venga acompañada de consejos de conducción eficiente. "Sí bajará el consumo de combustible pero no tiene que ver con que éste se abarate", asegura el técnico de la AOP, en referencia a la teoría de que el consumo de menos combustible hará que su precio se dispare más.
"Lo de bajar 10 kilómetros hora es una gotita en el océano; no es una buena vía para reducir la dependencia del petróleo”, cree Del Castillo. "Lo que consume mucho es la conducción agresiva, la no responsable: los acelerones, los cambios constantes de carril, frenar y acelerar, cambiar mucho de marcha...", explica Prada.
El Gobierno explicó que ahorraría el 15% de consumo de gasolina y el 11% del diésel; pero hay quien no cree en este dato. El director del Instituto Universitario de Investigación del Automóvil (INSIA), considera que "tanto gasolina como diesel consumen y dejan de consumir por el estilo, depende del motor y de las revoluciones, del coche". Según el director del INSIA la reducción real de consumo está entre un 3 o un 4%.
"A priori parece poco, pero es un ahorro, no cabe duda", explica Francisco Aparicio. "Si no hubiera problema con el petróleo podríamos decir que no vale la pena". Aparicio recuerda que los camiones y autobuses no reducen el diez por ciento su velocidad, sólo los automóviles "por tanto la reducción de las emisiones contaminantes en conjunto es mucho menor, de un uno o dos por ciento".
No es estrictamente ecológica
Ecologistas en Acción ya advirtió, el día que se conoció la medida, que para hacer realmente eficiente la conducción la velocidad real estaba en 90 kilómetros por hora, "que es la velocidad en la que la potencia del motor y la resistencia del viento permiten una eficiencia máxima", dijo Paco Segura, responsable de Transportes de la ONG, en El Mundo.
La semana arrancaba con la imagen de operarios colocando 250.000 euros en imanes circulares que taparan las señales de velocidad obligatoria a 120 kilómetros hora. El 110 se imponía sobre los postes y así se hará así hasta el día 7 de marzo, el día en que los 110 km/h se convertirá en la velocidad obligatoria en autovías y autopistas. La medida, que se vende como de ahorro energético, fue anunciada por el vicepresidente Alfredo Pérez Rubalcaba, que explicaba que se estima que se ahorrará 1.560 euros al precio que tiene actualmente el gasto del barril.
El parque automovilístico español tiene una media de edad de diez años; "esto también influye, los coches antiguos o de baja gama no tienen sexta marcha, y esto quiere decir que todos pueden seguir yendo en quinta velocidad", termina diciendo el profesor Aparicio. Isaac Prada y Nogueira insiste en que el consumo real no sólo depende de la velocidad, sino de la rodadura y de la aerodinámica.